Conocer bien a Jesucristo

Junio 19, 2008

EL CONCILIO DE CALCEDONIA

Archivado en: Cristología — conocerbienajesucristo @ 3:08 pm

Hacia el Concilio de Calcedonia

 

Nicea y Calcedonia son sin duda los Concilios decisivos para la Cristología; los de mayor importancia. El de Nicea explicó la fe apostólica en la divinidad de Cristo definiendo la consustancialidad del Verbo con el Padre.

 

El Concilio de Calcedonia, completó lo iniciado en el de Éfeso, y supone prácticamente la culminación de la teología sobre el Verbo Encarnado.

 

Efeso definió que en Cristo hay una sola Persona, el Verbo, que es también Persona para la naturaleza humana. Y que la unión de las naturalezas, sin mezclarse, tiene lugar en la Persona. Pero a algunos de los seguidores de San Cirilo no les gustaba hablar de dos naturalezas después de la unión, porque les parecía que era acercarse al nestorianismo.

 

En ese clima surge el error de monje Eutiques: afirma que si bien Cristo es Persona de dos naturalezas (ex duobus naturis), por la unión que hay entre ambas ya no subsiste in duobus naturis, sino en una sola naturaleza. La humana habría quedado absorbida en la divina. A este error se le denominará luego “monofisismo” (una sola naturaleza).

 

 

En 448 la doctrina de Eutiques es condenada por el Sínodo de Constantinopla y el Patriarca de esa Iglesia se lo comunica por carta al Papa San León Magno. Éste, para ayudarle a clarificar la doctrina, le envía, también por carta, un documento de su Magisterio, pensado para que se leyese en el Concilio que para esto se iba a convocar. Ese documento se ha denominado desde entonces el “Tomo a Flaviano” ó “Tomo Leonino” (os recuerdo lo dicho acerca de la Escuela teológica de Roma, cuando hablamos de las Escuelas de Cristología, Logos-sarx, y Logos-anthropos)

 

El Tomo Leonino es una magnífica síntesis Magisterial, clara y profunda, de la doctrina sobre la Unión Hipostática. Su importancia está en que constituirá la luz y guía del Concilio de Calcedonia. Aunque su contenido lo expondremos luego al recoger las palabras de Calcedonia, digamos ahora que San León después de afirmar la fe de Nicea y la de Efeso, afirma la total integridad y perfección de las dos naturalezas, unidas en el único sujeto: la divinidad no ha anulado nada de la humanidad; las dos naturalezas permanecen “sin confusión, sin cambio, sin división, sin separación”.

 

San León va más allá de la condena al monofisismo. Clarifica la formulación doctrinal de toda la fe apostólica sobre Jesucristo. Cuanto se diga sobre la importancia que tuvo el Tomo Leonino siempre será poco.

 

 

EL CONCILIO DE CALCEDONIA

 

Tuvo lugar en el 451 y fue el más numeroso de la antigüedad: casi 400 Obispos casi todos de Oriente. El Papa San León Magno fue representado por tres Legados. El Concilio duró poco tiempo, el mes. El momento álgido fue la lectura del Tomo Leonino. Cuando los padres Conciliares lo oyeron, clamaron a una voz. “Pedro ha hablado por la boca de León”. He aquí el texto central aprobado:

 

Siguiendo a los a los Santos Padres, enseñamos todos concordemente que ha de confesarse uno sólo y mismo Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, el mismo perfecto en la divinidad y el mismo perfecto en la humanidad, verdadero Dios y verdadero hombre, de alma racional y cuerpo, consustancial al Padre según la divinidad y consustancial a nosotros según la humanidad, en todo semejante a nosotros, excluido el pecado (Heb 4, 15); antes de los siglos engendrado por el Padre según la divinidad, y según la humanidad por la Virgen Madre de Dios, en los últimos tiempos.

 

Creemos en un solo y mismo Cristo Señor Hijo Unigénito, en dos naturalezas

sin confusión, sin cambio, sin división, sin separación, no habiendo sido nunca suprimida la diferencia de las naturalezas por motivo de la unión, al contrario, salvada la propiedad de ambas naturalezas, que concurren en una sola Persona y en una sola hipóstasis, no partido o dividido en dos personas, sino un mismo y solo Hijo Unigénito Dios Verbo Señor Jesucristo… como el mismo Jesucristo nos enseñó, y como nos trasmitió el Símbolo de los Padres”.

 

(Hemos escrito en letra color verde las palabras esenciales, las decisivas, que a continuación vamos a glosar)

 

 

Destaca en primer lugar la fórmula “una Persona en dos naturalezas”, y no “dos naturalezas en una Persona”. Calcedonia pensó mucho esta expresión. Cuando se dice “dos naturalezas unidas en la Persona” no se dice un error, pero sí se hace una formulación imperfecta. Es más perfecta “una Persona en dos naturalezas” este es el lenguaje acertado.

 

Destaca también el empleo de los 4 adverbios: cualifican a las naturalezas, en concreto a la naturaleza humana: sin confusión, sin cambio, sin división, sin separación.

 

La unidad del sujeto está en la Persona, la duplicidad de sus perfecciones, está en las dos naturalezas.

 

Y las propiedades de las naturalezas se contemplan después de la unión en la persona, no antes.

 

Calcedonia además, por el uso que hace de los términos fisis, ousía, hipóstasis y prósopon unifica la terminología teológica que antes no era del todo coincidente en las distintas Escuelas.

 

¡¡¡ Qué importante ha sido el Concilio de Calcedonia para la fe y para la Cristología !!!  Cuando algunos teólogos han propuesto hacer Cristologías no calcedonianas, dicen, hay que sonreir; pero además, se puede también sospechar de su ortodoxia

 

San León Magno (Papa)

Junio 1, 2008

EL CONCILIO DE ÉFESO

Archivado en: Cristología — conocerbienajesucristo @ 9:46 am

 

EL CONCILIO DE EFESO

 

Nestorio no cedió y pidió auxilio al Papa Celestino. Pero éste después de estudiar despacio la doctrina de Nestorio y la de Cirilo, reunió un Sínodo en Roma y rechazó y condenó la doctrina de Nestorio. A la vista de ello, el Emperador Teodoro II convocó en el año 431 el Concilio de Efeso. La reacción del Papa fue rápida como vemos. 

 Después de una primera parte agitada, ya presentes los legados del Papa, el Concilio aprobó solemnemente la doctrina de la 2ª carta de Cirilo, condenó la doctrina de Nestorio, y depuso a éste. Los puntos principales de la enseñanza del Concilio pueden resumirse así:  “ El Logos se ha hecho hombre, uniendo así según la hipostasis de manera inefable e inaudita una carne animada por alma racional, y se llama Hijo del hombre… Afirmamos que las naturalezas que se han unido en verdadera unidad son distintas, pero de las dos ha resultado un solo Cristo e Hijo. El Logos se ha hecho carne… naciendo como hombre de una mujer, sin dejar de ser Dios y de ser engendrado por Dios Padre… Por eso los santos padres han tenido el valor de definir a la Santa Virgen como madre de Dios”.
 

 

Pero la terminología sobre naturaleza y persona no estaba unificada en la Escuela alejandrina y en la antioquena.; a veces se producían desacuerdos que en cierto modo eran terminológicos. Además, incomodaba a los antioquenos el modo de expresarse de los alejandrinos: lo veían exagerado e impreciso.

Por ello, después de Éfeso los Obispos Orientales presididos por Juan de Antioquía, aunque rechazaban la doctrina de Nestorio, rechazaban también la terminología de San Cirilo, sobre todo en los anatematismos de su 3ª carta. Por ello el mismo Juan de Antioquía propuso en el 433 a San Cirilo un símbolo de fe redactado por Teodoreto de Ciro. Fue aceptado por San Cirilo con algunos retoques. Aceptado luego también por todos los Obispos, se le llamó “símbolo de unión”.  Se le puede considerar, por tanto, como el verdadero Credo de Éfeso. Dice así:

“Confesamos, por consiguiente, a nuestro Señor Jesucristo, Hijo único de Dios, perfecto Dios y perfecto hombre con alma racional y cuerpo, nacido del Padre según la divinidad antes de todos los siglos, y de María Virgen, según la humanidad, por nosotros y por nuestra salvación: consustancial al Padre en razón de la divinidad y consustancial a nosotros en razón de la humanidad. Porque se hizo la unión de la dos naturalezas. Por eso confesamos un solo Cristo, un solo Hijo, un solo Señor. Por esta noción de la unión sin confusión, confesamos a la Santa Virgen por Madre de Dios, porque Dios Verbo se encarnó y se hizo hombre y unió a sí mismo desde el instante de su concepción el templo que había tomado de ella”.

Hemos dicho más arriba que la finalidad que movía a Nestorio era asegurar la perfecta humanidad de Jesucristo. Consideraba que el camino era afirmar en Él una persona humana además de la divina.

En el último siglo y medio, hemos visto renacer este modo de concebir la Persona de Cristo. Sobre todo, desde que en la antropología se pasó a entender la persona a partir de la psicología: como autoconciencia; autoposesión; etc. Al trasladar esto a la Cristología, a algunos -aún en nuestros días- les parece como si el no afirmar una persona humana en Cristo equivaliese a no entender a Cristo como perfecto hombre.

Es muy laudable la preocupación de que se conciba a la Humanidad de Cristo como hombre perfecto, en el que ningún aspecto humano queda absorbido o disminuido  por la divinidad de la Persona. Lo exige la fe de la Iglesia. Pero esto no se logra afirmando que hay en El, de algún modo, persona humana junto al Verbo. Es precísamente el que el Verbo sea la única Persona, lo que hace que Cristo sea Hombre Perfecto.

Ese “nestorianismo residual” de que hablamos –además de ser contrario a la fe de la Iglesia- no afirma lo humano de Cristo con mayor rotundidad; al contrario, lo empobrece.  Trataremos este aspecto en profundidad al estudiar más adelante el tema “Ser y Persona en Cristo.

                                  La Virgen Madre de Dios.  (Luis de Morales)

                          

 

Mayo 12, 2008

EL ERROR DE NESTORIO

Archivado en: Cristología — conocerbienajesucristo @ 7:24 am
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Antes de tratar el error de Nestorio, es necesario explicar el error del apolinarismoApolinar, proveniente de la Escuela de Alejandría e inicialmente colega de San Atanasio, fue elegido Obispo de Laodicea en el 362. En su lucha contra el arrianismo cae en un grave error: piensa que la Persona del Verbo no puede ser persona de la humanidad de Cristo si ésta es naturaleza completa.
Parece que Apolinar concibe la persona como principio vital (lo cual en la naturaleza humana corresponde al alma). Como consecuencia postula que en la naturaleza humana de Cristo no existe alma, sino que en Cristo, es el Verbo quien hace las veces de alma.
 Se trata no sólo de un grave error en la fe de la Iglesia, sino también de un error metafísico y antropológico. A Apolinar le hubiese bastado leer atentamente el Símbolo de Nicea para advertirlo. Fue condenado inmediatamente por el Sínodo de Alejandría (362), y de modo definitivo por el Concilio I de Constantinopla (381). En su refutación fue importante la labor de los Padres Capadocios (San Basilio, San Gregorio de Nisa, y San Gregorio de Nazancio.

NESTORIO

Nestorio, buen teólogo, formado en la Escuela de Antioquía, fue elevado a Obispo de Constantinopla en el 428 y depuesto en el 433.

Ya antes, en su lucha contra los arrianos y los apolinaristas, había puesto un gran énfasis en que se mantuviese perfecta la naturaleza humana, nunca absorbida ni modificada por la divina. En esta lucha, llega a utilizar ya un lenguaje en que parece afirmar que en Cristo hay dos sujetos: el humano y el divino. Siendo ya Obispo continuó combatiendo duramente a los herejes arrianos y apolinaristas, esforzándose en que no se confundiesen en Cristo naturaleza humana y naturaleza divina.

Pero pronto expresó sus reticencias a la “comunicación de idiomas”, es decir a que se prediquen del Verbo los aspectos propios de la condición humana: el nacimiento, la muerte, las cualidades humanas, etc. Deja entender que concibe en Cristo dos sujetos: el humano y el Verbo. Así llega a afirmar de modo solemne en 428 que a la Virgen se le debe llamar Christotókos (Madre de Cristo) y no Theotókos (Madre de Dios). Ese mismo año, en su polémica con Proclo (que sería su sucesor como Obispo de Constantinopla) llegó a decir “Yo no puedo adorar a un Dios que haya nacido, haya muerto y haya sido sepultado”. Es decir, lo que no podía aceptar era que Dios fuese sujeto de los acontecimientos humanos de la vida de Cristo. Al mismo tiempo, Nestorio  trata de mantener la unidad de persona en Cristo “no es uno el Dios Verbo y otro en quien el Verbo ha  nacido”, decía.

Para salvar esto, Nestorio pensaba que es necesario afirmar que la Naturaleza humana de Cristo es también persona humana. La manera de poder afirmar de modo absoluto la perfección y la integridad humana de Cristo era postular que esa naturaleza es persona.  En consecuencia, en Cristo hay Verbo divino y hay persona humana.

¿Cómo salvar que haya un solo sujeto? Nestorio afirma que las dos personas están unidas y compenetradas. El “Verbo habita en el centro de la persona humana como en su templo”.  De donde surge tal unión y concordancia entre ellas que las dos personas constituyen como una cierta persona de unión. En Cristo hay dos Personas pero un solo sujeto que actúa. Por eso se puede decir que el Verbo nos redime, porque la persona humana está íntimamente unida a la divina.

Esta fórmula aparenta garantizar la perfección humana de Cristo, del yo humano, de su psicología, de su igualdad con todo hombre. Pero pronto veremos que no es así, además de estar en total desacuerdo con la fe de la Iglesia.

Como hemos dicho, el rechazo del pensamiento  de Nestorio se produjo de inmediato ya en la misma Constantinopla. Pero la oposición más viva y teológicamente más profunda fue la de Cirilo, Patriarca de Alejandría., que cruzó 3 importantes cartas teológicas con Nestorio, además de comunicar la cuestión al Papa. Particular importancia tiene la carta segunda, del año 430. En ella Cirilo va directamente al centro de la cuestión.

 A ella  pertenecen estas palabras: “El grande y santo Concilio de Nicea dijo que el Hijo Unigénito… verdadero Dios de verdadero Dios… descendió, se hizo hombre, padeció, resucitó al tercer día… Lo que quiere decir: el Verbo se encarnó y se hizo hombre… Confesamos un solo Cristo, un solo Señor, no adorando a un hombre junto con el Verbo. Adoramos a uno sólo y mismo;… no son dos hijos, sino uno sólo. Si rechazamos como indecorosa la unión según la hipóstasis, estamos abocados a hablar de dos Hijos… La escritura no dice que el Verbo se ha unido a la persona de un hombre, sino que Él se ha encarnado … De esta manera los Santos Padres no vacilaron en llamar theotókos (Madre de Dios) a la Santa Virgen; no porque la Naturaleza divina haya tomado de la Virgen el principio de su existencia, sino porque al haber nacido de ella el santo cuerpo animado de alma racional a la que el Verbo se unió según la hipóstasis, se dice que el Verbo ha sido engendrado según la carne”.

La polémica teológica entre San Cirilo y Nestorio sobre la Unidad de Persona en Cristo, fue muy importante y muy intensa. Se trataba de un tema de trascendental importancia de la  fe en Jesucristo. Tuvo, por ello, mucha notoriedad en Oriente y sirvió para que el Papa tomase cartas en el asunto. Así se preparó con rapidez el Concilio de Efeso. Cirilo de Alejandría jugó en todo ello un papel determinante. No quiero explicarlo aquí con más detenimiento para no salirme de la dimensión de un Blog. En cualquier buen Manual de Cristología lo podéis encontrar.  
Nestorio era muy influyente ante los Obispos orientales; por otra parte tenía gran formación teológica. Pero al ser condenado por el Concilio de Efeso, fue depuesto como Obispo de Constantinopla en el 433. Todo aconteció, pues, en el período de cinco años;  la gravedad de su error aceleró la condena.
                            

 

 

 

                                                 

 

 

 

 

 

San Cirilo de Alejandría

 
 
 
 
 
 
 
 
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Marzo 16, 2008

UNA SOLA PERSONA EN CRISTO (1)

Archivado en: Cristología — conocerbienajesucristo @ 7:37 pm

   

                                              ANTECEDENTES                                                                                                   

  

 

 

 

 

  

 

Rsemiendo  el tema, se puede decir que a comienzos del Siglo V se han formado en la Iglesia dos grandes corrientes en la teología sobre Cristo:la alejandrina y la antioquena. Están relacionadas con las principales sedes episcopales: la primera con Alejandría; la segunda con Antioquia y Constantinopla. Ambas corrientes contribuyen decisivamente al avance de la cristología mediante teólogos de gran importancia. En ambas corrientes,surgen también errores teológicos graves. Esta escuelas fueron de gran importancia en la teología acerca de la Persona en Cristo. 

 

 

 

A la vez, Roma cuenta también con la ayuda de otra corriente teológica importante que realiza un gran servicio a las intervenciones del Papa en los Concilios. Esta corriente supone una gran ayuda para el Papa San León Magno en lo que se denomina Tomus ad Flavianum (Obispo de Constantinopla) o Tomus Leoninus, que fue decisivo para el Concilio de Calcedonia. Esta corriente latina sabe mantener una postura de equilibrio entre las corrientes alejandrina y antioquena; y a la vez, de fidelidad exquisita a la Tradición de fe de la Iglesia.

Hunde sus raíces en Tertuliano y tiene su expresión cumbre en San Agustín. De ella forman parte S. Hilario de Poitiers, San Pedro Crisólogo, San Ambrosio, etc.

La corriente Logos-sars.

 Se suele decir que la corriente alejandrina se resume en el enfoque Logos-sars: “el Verbo se hizo carne”. Tiene preocupación por subrayar la divinidad de Cristo y defender la unidad de la Persona. Pero atiende poco a subrayar la plenitud o perfección de la Humanidad de Cristo, en cuanto tal.  

Al poner el acento en que el Verbo se ha Encarnado y que la humanidad de Cristo es humanidad del Verbo Encarnado, la Persona Divina está siempre en el centro; es el sujeto de las dos naturalezasA la vez, les cuesta más considerar la naturaleza de Cristo como una naturaleza humana perfecta y completa.

El monofisismo (”una sola naturaleza”) surgirá dentro de esta corriente; aunque ciertamente es combatido enseguida desde dentro de esta Escuela. Como lo fue Arrio por San Atanasio, o el semiarrianismo por los Padres Capadocios.  

                                                                      La corriente Logos-anthropos.

La corriente antioquena toma fuerza a final del s. IV y sigue el esquema Logos-ánthropos, “el Verbo se hizo hombre”.  Su teología tiene una gran hondura metafísica. Subraya siempre  con fuerza la humanidad de Cristo,  completa y perfecta en todas sus operaciones; nunca absorbida o disminuida por la divina. Y se esfuerza para que la Unión Hipostática no se conciba como mezcla de naturalezas. De ahí su peligro de considerar la Encarnación como una cierta inhabitación.

Figuras importantes de ella fueron, por ejemplo, Teodoro de Mopsuestia, Teodoreto de Ciro, San Juan Crisóstomo. El error que surge en  ella es Nestorio, ciertamente combatido también desde esta corriente.  

Como digo, las dos escuelas o corrientes fueron importantes para superar los errores teológicos sobre Jesucristo, y para la formulación de una cristología en concordancia perfecta con la fe apostólica.

Marzo 1, 2008

EL ARRIANISMO (bis)

Archivado en: Cristología — conocerbienajesucristo @ 6:25 pm

He aquí el Credo de Nicea:

“Creemos en un sólo Dios Padre Todopoderoso, creador de todo lo visible y lo invisible. Y en un sólo Señor Jesucristo, Hijo de Dios, unigénito engendrado del Padre, es decir, de la substancia del Padre, Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, consustancial al Padre (homoousion to Patri), por quien han sido creadas todas las cosas en el cielo y en la tierra. Por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó del cielo y se encarnó y se hizo hombre, padeció y resucitó al tercer día, subió al cielo y vendrá a juzgar a vivos y muertos. Creemos en el Espíritu Santo. –A los que dicen: “Hubo un tiempo en que no existía” o “No existía antes de ser engendrado” o “Ha sido creado de la nada”, o afirman que deriva de otra hipóstasis o substancia o que el Hijo de Dios es creado, o mutable o alterable, a todos esos los condena la Iglesia católica y apostólica”.

Debate posterior a Nicea. La fórmula de Nicea dejó espacios que permitieron que continuase la discusión. No se había precisado si esa “consustancialidad” implicaba no sólo igualdad con el Padre, sino también identidad numérica: “un sólo Dios”. A esto se acogió una corriente de semiarrianos que pedían reformar el homoousios porque consideraban podía favorecer el sabelianismo. Esta discusión terminó casi 60 años después, con el Concilio de Constantinopla (año 381). El Credo promulgado por este Concilio, sigue el de Nicea; lo perfecciona; y le añade la confesión de fe relativa al Espíritu Santo.

Los añadidos cristológicos a Nicea más importantes fueron:

1.  (engendrado)  antes de todos los siglos2. (se encarnó)  del Espíritu Santo y de María Virgen.   3.  fue crucificado por nosotros bajo Poncio Pilato.  4. fue sepultado.  5. (resucitó al tercer día)  según las Escrituras.  6. está sentado a la derecha del Padre.  7. (de nuevo vendrá) con gloria.  8. y su reino no tendrá fin. 

El añadido respecto al Espíritu Santo dice: ” Creemos en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas. Creemos en la Iglesia una, santa, católica y apostólica. Confesamos la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro. Amén.

En toda esa lucha contra el semiarrianismo, y en el proceso paciente e inteligente de atraer a los semiarrianos a la ortodoxia, fueron clave los Padres Capadocios: S. Basilio (+396), S. Gregorio de Nazancio (+390), y S. Gregorio de Nisa (+396).

(Había escrito muchas más cosas, pero las omito para abreviar y pasar a la permanencia en nuestros días del arrianismo). Podéis encontrar muy bien desarrollados en cualquier manual de Cristología, el presente tema y todos los demás. El manual que suelo aconsejar a mis alumnos es: “El Misterio de Jesucristo”; 3ª edición.  Autores: “Ocáriz; Mateo-Seco; Riestra”. Editorial  EUNSA (Pamplona).

La  prolongación del arrianismo

A pesar de la clara y definitiva condena y refutación del arrianismo, éste continuó vivo durante bastante tiempo, quizá por tener aquel atractivo del que hablamos atrás. El Reino Visigodo en España, por ejemplo, fue arriano hasta la Conversión del Rey Recaredo a final del siglo VI.

Pero la tendencia arriana en Cristología permanece presente.

Hay autores en pleno siglo XX que sostienen que Jesús es un hombre al que el Padre hace hijo en el Bautismo y le otorga entonces misión y poderes divinos. Esto es sencillamente adopcionismo de Pablo de Samosata. 

Pero hay además una tentación arriana que ha recorrido la historia del cristianismo y que se resume en reducir a Jesucristo a un hombre del todo excepcional, que procede del ámbito de Dios, que es Hijo a quien Dios ama, que es enviado por Dios al mundo, que posee poderes divinos, que ha sido resucitado por Dios, etc. etc.; pero que no es Dios como el Padre, no es consustancial al PadreAsí hablaba también Arrio.

Da lo mismo que se le ensalce de modo emocionado y vibrante. Si no es el Verbo Encarnado, consustancial con el Padre en la Trinidad, no es Jesucristo.  Aunque se le presente como hombre excepcional, tal como ninguno otro lo ha sido. O como ungido y santificado por Dios y enviado de Dios para los hombres. Si  no se tiene en cuenta  que es el Verbo Trinitario que se ha Encarnado, y que es consustancial al Padre, seguimos en el arrianismo.

Si sólo se presenta a Cristo en lo ”humano”, como “el hombre para los hombres”; si se describe largamente su condición de profeta, de Rabí, de judío de su tiempo o se resalta lo que en cada caso piense el autor que es el papel de Jesús dentro de la Alianza; si se le estudia con detalle   en relación con el mundo del Israel en que vivió, etc. etc.; pero al mismo tiempo se soslaya cómo y qué es su divinidad (la consustancialidad con el Padre), entonces, aunque se hable de Jesús con gran admiración y entusiasmo,   podemos decir que hay un enfoque arriano.  También Arrio afirmaba con gran fuerza que el Padre había creado  al Verbo con condición divina, santo, por encima de todo lo creado; pero negando que fuese Dios como el mismo Padre.

 

Con alguna frecuencia  se quedan en ese nivel los que intentan estudiar a Jesucristo desde la pura crítica histórica sólo. No todos, por supuesto. Pero  esto, por ejemplo,  es lo que acaba de hacer Pagola. Y naturalmente no comprende que se acuse a su libro de actitud arriana, afirmando indignado que él no es arriano.

¡Qué importantes han sido para la teología trinitaria y para la cristología los Concilios de Nicea y I de Constantinopla!

 

 San Basilio de Capadocia                Iglesia de San Basilio en Moscú    

                                           

 

San Gregorio de Nizancio

  

 

 

   

                                                                                   San Gregorio de Nisa

Febrero 29, 2008

FORMULACIÓN TEOLÓGICA DE LA FE REVELADA (2)

Archivado en: Cristología — conocerbienajesucristo @ 1:05 pm

EL ERROR DE ARRIO (2)

Arrio, oriundo de Libia (260-336), Presbítero de Alejandría, centra el gran debate teológico que desemboca en el Concilio de Nicea (325).

Además de tener prestigio como teólogo y como asceta, podía presentarse como exponente de la importante teología alejandrina, procedente de Orígenes. Escribió La Thalía (el Banquete); cartas; discursos; etc. Sus escritos fueron destruidos después de su condena, de modo que sólo nos han llegado 3 cartas y varios fragmentos de La Thalía. Además de las citas de todos los que lucharon contra él. Hacia el 320 comenzó a difundir su doctrina.

Arrio lleva al extremo el subordinacionismo de Pablo de Samosata, pero de un modo que él considera acorde con la fe apostólica. Para salvar el Dios Único, busca explicar la relación Hijo-Padre en la Trinidad, de modo que manifieste la absoluta trascendencia del Padre, el único que es Dios. Y lo hace del siguiente modo.

El Hijo procede del Padre. Y procede antes de la Creación del Mundo. Pero el Hijo es criatura del Padre; no consustancial con Él. El Padre crea al Hijo en el seno de Dios; lo enriquece con atributos divinos (santidad, sabiduría, poder); lo hace existir antes de la Creación, de modo que el Hijo está por encima de la Creación. El Hijo está en Dios; pero creado por el Padre. No es consustancial con el Padre, y por tanto no es Dios como el Padre.

Así se expresa Arrio: “Dios no siempre fue padre; sino que alguna vez Dios estaba sólo sin ser Padre; y más tarde se hizo Padre. No siempre existió el Hijo; porque habiendo sido hechas todas las cosas de la nada, y siendo todas las cosas criaturas y obras, también el Verbo de Dios fue hecho de la nada, y alguna vez no existía; ni existía antes de ser hecho, sino que también Él tuvo principio al ser Creado”.

En su defensa escribe: “El Hijo no es engendrado ni es parte del Ingénito (el Padre), ni deriva de un sustrato; sino que por voluntad y decisión del Padre, ha venido a la existencia antes de los tiempos y de los siglos, plenamente Dios, unigénito, inalterable. Y antes de haber sido engendrado o creado o fundado (Prov. 8, 22-25), no existía. Porque no era ingénito. Nos persiguen porque decimos: “El Hijo tiene principio, mientras que Dios es sin principio”. Por eso nos persiguen, y porque hemos dicho. “no viene de la nada”. Lo hemos dicho porque no es parte de Dios, ni deriva de un sustrato” (Carta a Eusebio de Nicomedia).

La doctrina de Arrio es tentadora y tuvo gran aceptación. Parece que casi la mitad de los Obispos se sintieron atraídos por ella. Les parecía que salvaba la dificultad teológica de compaginar la Unidad de Dios con la Trinidad de Personas. Les parecía que afirmaba suficientemente la condición divina del Verbo. Y que se podía seguir hablando de “venida del Verbo al Mundo”; de “Encarnación”; y de “Redención”. Por otra parte, expresaba la fe cristiana en acuerdo con la filosofía platónica (la “oficial” en Alejandría). (En este sentido, Arrio realiza un intento de helenizar el cristianismo).

Pero la doctrina de Arrio no concordaba con la Revelación recibida de Cristo por los Apóstoles, y explicada por los Padres de los siglos II y III. La Iglesia afirmó desde los Apóstoles: Un sólo Dios y Tres personas; el Hijo y el Espíritu Santo, también Dios Verdadero como el Padre. Y respecto a Cristo afirmó que era Kyrios como el Padre; consustancial.

La doctrina de Arrio fue rechazada enseguida por el Obispo de Alejandría, Alejandro. La oposición crece, llega al Emperador y al Papa, y en el año 325 (cinco años después de que Arrio inicie su difusión) se convoca en Concilio de Nicea.

San Atanasio influyó decisivamente en esa convocatoria, asistió al Concilio como diácono de Alejandro; su papel en él fue capital, unido a Osio, Obispo de Córdoba (España), gran teólogo y Delegado del Papa.

            

       San Atanasio                                              Osio, Obispo de Córdoba

El Concilio de Nicea, de acuerdo con la fe de la Iglesia, definió que el Verbo es consustancial al Padre, homoousios. Es decir, es igual al Padre en cuanto a la Naturaleza, a la divinidad. Tiene origen por generación eterna en la Trinidad; no por creación en la Trinidad como Arrio afirma.

Homoousios protege la fe trinitaria contra el subordinacionismo; y afirma nítidamente la divinidad de Jesucristo: es Dios como el Padre. Nicea es el inicio de una nueva teología de la Trinidad, y una nueva teología de Cristo; de una teología plenamente fiel a la fe apostólica.

Consustancial con el Padre, homoousios, expresa con exactitud y hondura la divinidad del Verbo, y por tanto de Cristo. Es un concepto teológicamente muy importante, y debe ser, por tanto, traducido con exactitud al hacer una versión del Credo Niceno-Constantinopolitano. Por ejemplo, en la traducción que hace el Misal castellano -al menos para España- falta esa precisión. Se dice: “de la misma naturaleza del Padre”; debería decir ”consustancial con el Padre” o “con la misma naturaleza del Padre”.

Por último, es interesante subrayar que Nicea rechaza la helenización de la fe cristiana que Arrio hacía. Es por el contrario, una afirmación del dogma cristiano, contra la filosofía platónica. Como es sabido, en todo el proceso de expresar teológicamente la Fe Revelada, no se produce la helenización de esa Fe (como algunos falsamente han afirmado). Sino por el contrario, se produce un ensanchamiento y corrección de los conceptos de la filosofía griega (que queda así enriquecida), para que se pueda expresar con ella esa la Fe Revelada.

 

 Concilio de Nicea

 

Febrero 17, 2008

FORMULACIÓN TEOLÓGICA DE LA FE REVELADA (1)

Archivado en: Cristología — conocerbienajesucristo @ 5:09 pm

LAS  PRIMERAS  DIFICULTADES  (1)

La fe apostólica fue muy clara y completa desde los Apóstoles, como hemos visto.

Pero en el proceso de formularla teológicamente, se produjeron perplejidades y errores. No siempre se acertaba a expresar la fe en categorías teológicas.

Tocaré este tema de modo breve.

Una primera dificultad provino del mismo Misterio de la Trinidad.

 Sobre él, la fe revelada era muy clara: un sólo Dios, Uno y Único en cuanto a la esencia, en cuanto a la divinidad. Y a la vez, Trino en cuanto a las Personas: el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo. 

El primer dilema fue cómo mantener teológicamente  la Trinidad de Personas manteniendo a la vez la Unidad de Dios.  Teológicamente parecían incompatibles.  Así surgió el error del monarquianismo: en Dios, en verdad, en verdad, hay una sóla Persona. El monarquianismo es un error que afectará directamente a la teología sobre Jesucristo, aunque proceda, como digo, de no atinar  expresar teológicamente el misterio de la Trinidad.

Tuvo este error dos formulaciones, a lo largo de los siglos II-III:

          el Monarquianismo modalístico o modalismo: en el fondo, dice, realmente hay una sóla Persona Divina, que se nos muestra a nosotros de tres modos: como Padre, como Hijo, y como Espíritu Santo. Sus principales formuladores fueron Sabelio, formulador máximo del modalismo (sabelianismo); Noeto de Esmirna (combatido por Hipólito); y Praxeas (combatido por Tertuliano). Marcelo de Ancira mantuvo una variante: por la Encarnación, el Padre se hizo presente por la unión temporal con el hombre Cristo

     el Monarquianismo adopcionista o adopcionismo: afirma una sóla Persona divina, el Padre; Cristo es un puro hombre, concebido milagrosamente, y que en el bautismo fue adoptado como hijo por el Padre, y gozó de particular poder divino. Se trata de un error algo menos burdo que el anterior, y que persistirá hasta el siglo IV. Teodoro de Bizancio lo inicia en el s.II. Y quien lo desarrolla más es Pablo de Samosata, obispo de Antioquía a mitad del s. III. En el año 268 el Sínodo de Antioquía lo condenó y depuso a Pablo. Pero su herejía dejó una siembra que continuó bastante tiempo. Aún en el siglo IV,  Fotino mantiene este error.

La cumbre de estos errores de raíz trinitaria es el  ARRIANISMO.

Condenado y refutado en el siglo IV, continuó vivo durante varios siglos; y aún hoy subyace en algunas explicaciones de la divinidad de Jesucristo, como veremos.

 San  Ireneo

 Orígenes

 

Febrero 13, 2008

(3)LA FE SOBRE JESUCRISTO EN LA IGLESIA APOSTÓLICA

Archivado en: Cristología — conocerbienajesucristo @ 8:01 pm

LA  CONVERSIÓN  DE  SAN  PABLO  (3)

El trasfondo de toda la doctrina que San Pablo da a la Iglesia es la fe apostólica  (“yo recibí y mi vez os transmito” les dirá a los de Corinto). En esa fe apostólica inserta San Pablo lo que él recibe del Señor, lo que será su aportación a la Revelación: su teología sobre la Redención; y su teología sobre la Iglesia como Cuerpo y Pleroma de Cristo.

Para dar en profundidad esta revelación, El Señor escoge como instrumento más idóneo a San Pablo. Porque era “escriba”; y además vivía como fariseo, es decir haciendo vida propia aquella teología de los escribas. Para entender lo que todo esto significaba, haré un breve resumen de la teología de la salvación elaborada por los Escribas.    

Cuando los israelitas vuelven de Babilonia, tienen muy arraigadas estas dos ideas: 1ª)  la destrucción de Israel ha ocurrido por no haber sido fieles a la Alianza; 2ª)  nunca más seremos  infieles a la Alianza: cumpliremos la Ley con toda fidelidad. Así se inician las Sinagogas, al servicio de la enseñanza de la Ley y de activar su cumplimiento. Y se promueve la existencia de “maestros” que estudien la Ley, la expliquen, y enseñen a guardarla al pueblo.  Al llegar la época macabea, esta decisión se agudiza. Va naciendo así como un “cuerpo” de Escribas, que realizan este cometido. La intención es lograr el perfecto conocimiento y cumplimiento de la Ley, y así enseñar la fidelidad a la Alianza.

Ese enfoque de “fiel cumplimiento de la Ley”, conduce a desarrollar los mandatos de la Ley hacia una casuística cada vez más concreta; y a buscar aplicarla a las situaciones nuevas que iban surgiendo. Se llega así a aquellos casi 600 preceptos con los que los Escribas desarrollan y concretan la Ley.  La vida farisea consistirá  precísamente en vivir este programa con toda fidelidad.

Es frecuente analizar esto bajo el aspecto de “la letra que mata el espíritu”; “la letra que esclaviza”; “la vida farisea era un modo de vivir la Alianza del todo imposible para el ciudadano normal”; etc.  etc.  Todo eso es cierto, pero no constituía la consecuencia peorLo más grave fue producir la deformación (típica en un fariseo) de que me salvo porque cumplo esos preceptos; Dios premia el haber cumplido la Ley, me salvo por mi esfuerzo y fidelidad. Porque además de ser esto un error,  con esa mentalidad no se podía entender la salvación en Cristo y por Cristo: que de su muerte procede el perdón del pecado; y de su Resurrección provienen todo los demás bienes de la salvación. No del cumplimiento mío de la Ley.

Este es el fondo del choque de Jesús con los Escribas; un choque teológico. Jesús rechaza abiertamente ese enfoque por ser falso, y porque hacía del todo  imposible recibir la salvación, insertarse en el verdadero Reino de Dios.  Y éste es el sentido profundo que tiene la parábola  del fariseo y el publicano (Lc 18, 7-14). En ella, Jesús contrapone “la santidad oficial de Israel” (la vida farisea, en aquél caso  concreto sin fallo alguno, además);  y la vida de un publicano (tenida por lo peor y más alejado en la fidelidad a Dios). Para asombro y escándalo de los escribas, aquel fariseo “no volvió a casa justificado”.

Los fariseos añadían además otras deformaciones. Por ejemplo, si algo no estaba contemplado en los preceptos que ampliaban la Ley, aquello carecía de significación salvadora; por tanto podía no cumplirse. Lo cual sucedía a veces con temas de moral natural, y de sentido común. Jesús les llamará “hipócritas”, por eso: “cuelan un mosquito y se tragan un camello”.  Aquella hipocresía no procedía de ser falsos e inmorales, sino de ese error; seguido a ciegas por motivos teológicos (“no forma parte de la Ley”);  o aceptado con gusto porque además  ”me resulta favorable”.

Pero la teología de la Salvación de los Escribas, era la oficial y más perfecta en Israel. Era impensable que el Mesías no fuese fariseo, y no impusiese el fariseismo a todos los israelitas y aún a todos los gentiles. Por eso, cuando Jesús lo rechaza radicalmente, la conclusión de ellos es: este hombre es un hereje.

Ante los milagros patentes, los escribas y fariseos necesitan postular aquella respuesta brutal: “hace los milagros por la intervención de Satanás”, “está endemoniado”. Cuanto mayores son los milagros (el ciego de nacimiento, la resurrección de Lázaro, etc.), la conclusión es matarlo aprisa.

S. Pablo estaba en este error antes de su conversión, y desde él perseguía a muerte a la Iglesia; la teología de ésta equivalía a la negación frontal del judaismo verdadero, y era para él el mayor peligro. Con la conversión de Pablo, el Señor busca al instrumento más idóneo para dar, con la profundidad máxima, la doctrina a la Iglesia en este punto:  Pablo tiene el tema planteado a fondo y en la postura errónea; y por eso comprenderá mejor que nadie el cambio que supone Jesucristo.

Esa será la línea de fondo de toda la revelación que se nos da por San Pablo: la Salvación no viene del cumplimiento de la Ley de Moisés; nos la da Cristo con su Encarnación y mediante su Misterio Pascual. Y el modo en que recibimos esa salvación es constituyéndonos en Iglesia, el Cuerpo Eclesial de Cristo, la Plenitud (Pleroma) de Cristo.   Se comprende que San Pablo tenga una especial facilidad para proponer el cristianismo a los gentiles. Que en Efesios 3, 2-22 afirme que ha recibido expresamente de  Cristo realizar este cometido. Vale la pena leer despacio este texto.

Todas sus cartas, en especial Romanos y Gálatas, exponen contínuamente la siguiente oposición: “la Ley de Moisés” (“la Ley”), “las Obras de la Ley” (“las obras”), “la carne”. Y frente a esto: “la Salvación en Cristo”, “Cristo”; “la fe en Cristo”;  “la Fe”; “el Espíritu“.  Siempre es la dialéctica de “no se nos dió ni se nos da ahora la Salvación por medio de la Ley de Moisés; sinó por la Obra de Cristo”.

Llega un momento en que S. Pablo (que respecto a este tema tiene una percepción muy viva) se da cuenta que los cristianos procedentes del judaismo, aunque no fuesen “judaizantes”, si no abandonaban totalmente la Ley de Moisés, no captarían la doctrina de Cristo en toda su profundidad. Y “movido del Espíritu Santo” (como él mismo dice) decide pedir a Pedro que esto se estudiase y se decidiese para toda la Iglesia. Así se celebra en el año 49 el Concilio de Jerusalén, el cuál no sólo declara que la salvación nos viene sólo de Cristo (lo cual era ya doctrina clara desde el Señor) sino que prescribe que se abandone totalmente la Ley de Moisés.

San Pablo escribe la carta a los Gálatas para afrontar la situación que aparece allí a causa de la llegada de unos judaizantes que proceden de Jerusalén. Y en la Carta a los Romanos hará una exposición profunda y completa de esta doctrina para toda la Iglesia.

En las cartas a los Corintios, Efesios, Colosenses, desarrollará el tema de la naturaleza de la Iglesia, como Cuerpo y Pleroma de Cristo.

En estos dos temas, la doctrina sobre la Redención  y la doctrina sobre la Iglesia, San Pablo fue quien comprendió más profundamente a Jesucristo. Fue el gran instrumento de Cristo para  revelarnos el fondo de estos dos misterios.

En San Pablo, además, alcanza su cénit la visión Trinitaria de toda la obra de Cristo. Su pensamiento y lenguage es siempre trinitario (así, cuando usa el término Dios, Zeus, siempre lo refiere al Padre) . Y  su confesión de la divinidad del Señor es siempre abierta, rotunda, atrevida. Véanse como una muestra los “comas” de Colosenses 1, 15-20; y 2, 9. Y también las doxologías de Romanos 9, 5, y de Tito 2, 13.

San Pablo es por eso, un exponente destacadísimo de la fe apostólica sobre  Jesucristo

 

AÑADIDO   (mayo 2009).

Con este post  buscaba sólo mostrar cómo San Pablo es testigo y testigo fundamental de la fe de la Iglesia Apostólica en la historicidad y en la divinidad de Cristo.

Pero a la vista del enorme interés que este post ha despertado (achaco este interés a la celebración del año de San Pablo) me ha parecido conveniente añadir algunos aspectos más de esa fe apostólica de la que San Pablo es exponente. Sigo para ello la Introducción a los escritos de San Pablo de la Biblia de Navarra, tomo V, páginas 883-886.

 

Los grandes temas doctrinales de San Pablo se pueden agrupar en los siguientes apartados:

    

    ***  La Resurrección de Jesucristo. 

                 Son contínuas las afirmación de S. Pablo acerca del hecho de la Resurreción, de las apariciones del Señor Resucitado, y de la experiencia de Él por los Apóstoles en los 40 días hasta la Ascensión. Y lo afima como recibido con toda certeza de los mismos testigos. San Pablo es continuo anunciador de la Resurrección y de sus consecuencias salvadoras.

      

 *** Jesucristo es el único Salvador.

              Es el tema que hemos desarrollado ampliamente ya. Pero San Pablo lo encuadra en el Plan Salvífico de Dios, antes de la Creación del mundo, que tan vívamente expone en sus Carta a los Efesios y Colosenses.

  

    *** El Misterio Salvífico.

             El Designio Salvífico, la Elección Divina para toda la Humanidad, antes de la Creación del Mundo, el Evangelio de Dios, o simplemente El Misterio, es la trama de la Historia de la Salvación. Esta es la perspectiva que San Pablo mantiene en todo momento, y que es también esencial que nosotros tengamos siempre como marco de nuestra fe, y de nuestra mirada al mundo.

 

    *** La Justicia y la Justificación.

          La Justicia es sobre todo la decisión Eterna de Dios de que seamos hijos en el Hijo, avalada por el hecho de la venida del Verbo al Mundo y por el Misterio Pascual.

          La Justificación, es la otra cara de esto, la incorporación de la criatura singular a esa Salvación en Cristo. Se da por iniciativa divina; Dios quiere que todos los hombres se salven; cada hombre debe corresponder personalmente, para hacer posible esa justificación.

 

     ***La Iglesia de Cristo.

          Es modo y el fruto de la Justificación: ser injertados en el Cuerpo de Cristo o Pleroma de Cristo. A él están llamados todos los hombres. No se da Salvación sino es formando parte del Cuerpo de Cristo.       

 

     *** La Vida en Cristo.  

          Es la participación de la vida Trinitaria de los justificados: viven en Cristo y de Cristo; llaman a Dios Abbá, Padre; tienen el Don del Espíritu Santo. Y exige  a cada Cristinao la vida teologal, y la vida moral. 

                         

 

 

 

 

  

Febrero 12, 2008

(2)LA FE SOBRE JESUCRISTO EN LA IGLESIA APOSTÓLICA

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EL HIMNO CRISTOLÓGICO DE PHIL 2, 6-11  (2)

En la carta a los filipenses, escrita hacia el año 56-57, recoge San Pablo un Himno cristológico de una profundidad y belleza supremas. He aquí el texto de Pablo:

  1. Tened entre vosotros los mismos sentimientos que tuvo Cristo Jesús,
  2. el cuál siendo de condición divina, no tuvo inconveniente en no aparecer igual a Dios (lo subrayado es traducción libre mía)
  3. sino que se anonadó a sí mismo tomando la forma de siervo, hecho semejante a los hombres;
  4. y mostrándose igual que los demás hombres, se humilló a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.
  5. Y por eso lo exaltó y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre,
  6. para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos , en la tierra y en los abismos,
  7. y toda  lengua confiese: “¡Jesucristo es el Señor!”, para Gloria de Dios Padre.

Como vemos desarrolla con profundidad y belleza admirables, las diversas etapas del Misterio (acción salvadora) de Cristo: la preexistencia divina; la humillación de la Encarnación (kenosis, abajamiento), y la humillación de la Cruz; la glorificación celeste; la adoración del universo; y el nuevo título de Kyrios conferido a Cristo. Como es evidente, se trata del Jesús histórico, Dios y hombre, en la unidad de su personalidad concreta. Esta no está disociada en ningún momento, aunque se distinguen los diversos estados de su existencia.

Son innumerables los estudios sobre este Himno. Por ejemplo, el de C. Basevi en “Scripta Theologica”Vol 30, Fasc 2, pág439.

Lo aceptado comúnmente es: se trata de una composición cristológica (la solemos llamar himno, que el DRAE define como ”composición poética en honor de alguien”). Tiene un núcleo básico aramaico procedente sin duda de la Iglesia de Jerusalén. Ese núcleo ha sido enriquecido al hacerse la versión al griego. Y por último S. Pablo lo retoca y para inluirlo en su Carta.  S. Pablo lo incluye sin más, sin ninguna presentación, como algo habitualmente usado por los cristianos. 

Es muy probable que S. Pablo lo haya conocido en su primera estancia de 15 días junto a San Pedro en Jerusalén, al final de la década de los 30 (aunque el himno se fuese luego perfeccionando al ser usado de modo contínuo por la Iglesia). Esa estancia junto a San Pedro es la que el mismo San Pablo dice haber buscado para tener la fe apostólica plena, y de la que procede aquél “yo recibí del Señor Jesús lo que a mi vez os he transmitidoEs decir, “lo que recibí del Señor a través de sus testigos los Apóstoles, para entregarlo fielmente”  (“Tradere“, Tradición).

El Himno muestra una cristología sumamente rica y profunda, que a San Pablo debió de parecerle una joya. Una cristología que procede de la primera generación apostólica, y que probablemente en su núcleo esencial aramaico está redactada en Jerusalén bajo los Apóstoles. Es por tanto, una expresión de la fe en los años 30, aunque nos la trasmita San Pablo 20 años después.   

Febrero 11, 2008

(1)LA FE SOBRE JESUCRISTO EN LA IGLESIA APOSTÓLICA

Archivado en: Cristología — conocerbienajesucristo @ 12:36 pm

  

EL  KERIGMA  del día de PENTECOSTÉS  (1)

 Al final del discurso de Pedro a los judíos el día de Pentecostés (Hechos 2, 14-36), el Cabeza de la Iglesia resume así la fe sobre Jesucristo: “Por tanto, sepa con seguridad toda la casa de Israel, que Dios ha constituido Kyrios y Cristo a este Jesús, a quien vosotros crucificasteis”.

 “Kyrios” es la traducción al griego (en la versión de los LXX) de YAHWEH. En el uso oral hebreo, hacía siglos que al leer, en vez de YAHWEH, se decía la palabra Adonai (mi Señor) para evitar pronunciar el nombre santo. Parece que la versión de los LXX  traduce YAHWEH por Kyrios (el Señor) porque éste término traducía bien aquél Adonai.          

        (Nota: como observaréis, he cambiado la redacción de este párrafo.  Lo hice porque faltaba precisión acerca  del término Adonai y su uso por los israelitas).           

Ese discurso de Pedro constituye un exponente de la afirmación rotunda de la divinidad de Jesús desde Pentecostés.  A Jesucristo se le llamará así, de modo ordinario, en la Iglesia apostólica: ”el Kyrios” (el Señor).

En esa fórmula que usa Pedro (y que es también de toda la Iglesia de Pentecostés),  el término “Cristo” expresa el Mesías anunciado por todos los profetas, que usa usan éste u  otros términos. Y el sujeto de Kyrios y Cristo es “este Jesús, a quien vosotros habéis crucificado”.          

          (Nota: cuando uso esta cita de Hechos 2, 36, no lo hago para  demostrar   la fe apostólica; sino para mostrar  -junto con varias otras pruebas de los dos apartados siguientes del Blog- cuál era la fe cristológica de la primera Iglesia. Hay que añadir  el uso desde el inicio de la fórmula bautismal Trinitaria. Sin  olvidar lo ya explicado: esta fe en la divinidad de Jesús ha sido   recibida y profesada en ese contexto de la fe Trinitaria).

 Esta es la proclamación solemne de la fe de la Iglesia desde aquel momento: “Jesús, el Crucificado y Resucitado, es el Cristo y Kyrios”. Se trata de una afirmación clara, rotunda. Perfectamente inteligible por los oyentes. Como garantía de esa verdad, aducen la Resurrección: “Dios lo ha resucitado y nosotros somos testigos”.

 Con la fuerza del Espíritu Santo los Apóstoles comienzan a anunciar a Jesucristo en Jerusalén: con  decisión y con total claridad; con  parresía (audacia, desparpajo, valentía), afirma ”Hechos 4, 31″.   Y la fuerza de Dios confirma su anuncio con los milagros que acompañan a su testimonio.

En Hech. 3, 12-25, se nos muestra uno de esos anuncios de Pedro al pueblo, expectante ante la curación del cojo de nacimiento. Pronto interviene el Sanedrín encerrándolos en la cárcel (Hech.4, 1-4). Al día siguiente (Hech. 4, 5-21) ,sabiendo bien que se juegan la vida,  vuelven a afirmar con vigor que Jesús, el crucificado a causa de la presión de ellos, es el Mesías y Kyrios. Y a pesar de la vehemente prohibición y de las amenazas del Sanedrín, continuarán anunciándolo así al salir de la cárcel.

De nuevo vuelven a ser encarcelados y amenazados (Hech. 5, 17). Ante el Sanedrín, actuando como tribunal, vuelven a afirmar: “El Dios de nuestros padres ha resucitado a Jesús, al que vosotros matasteis colgándolo de un madero. A éste lo exaltó Dios a su derecha, como Príncipe y Salvador, para otorgar a Israel la conversión y el perdón de los pecados. Y de esto somos testigos nosotros y el Espíritu Santo, que Dios ha dado a todos los que le obedecen”.  Al oir esto (añade el libros de los Hechos) se enfurecieron y querían matarlos.

Es sorprendente que no mataran a ninguno de ellos ni a ningún otro cristiano. El primero que es asesinado es Esteban, en el invierno del 36, es decir, 6 años más tarde. La causa fue, a lo que parece,  que  para ajusticiar, necesitaban la aprobación del Gobernador Romano. Éste siguió siendo Pilato hasta otoño del 36. Fue cesar Pilato, e iniciarse la muerte de cristianos. Parece que la explicación de esta protección de Pilato a la Iglesia naciente de Jerusalén, fue la reacción del Gobernador ante el chantaje del Sanedrín que le había obligado a condenar a Jesús, cuando Pilato quería soltarle sabiendo que era inocente: “si no lo condenas te denunciamos ante César” (y te juegas la carrera política). Pilato, como consecuencia, se hizo el “protector legal” de la Iglesia en Jerusalén durante esos años. De ahí que la Iglesia Copta considere Santo a Pilato.

Esta circunstancia de que la catequesis de la Iglesia permanezca sin salir de Jerusalén durante los primeros 6 años, fue sin duda providencial. Porque aquella profesión pública del kerigma de Pentecostés, se hace ante los que se oponían a ella, y negaban su veracidad. Esa catequesis argüía con sucesos históricos (hechos y palabras de Jesús) que se aducían como fundamento, ante quienes habían sido testigos o conocedores de ellos. Los que se oponen a la interpretación de los discípulos, jamás niegan la historicidad de los hechos aducidos. 

 

 

 

 

 

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