Conocer bien a Jesucristo

marzo 12, 2010

JESUCRISTO, RECHAZADO Y CRUCIFICADO (2)

Archivado en: Cristología — conocerbienajesucristo @ 7:34 pm

JESUCRISTO,  RECHAZADO  Y CRUCIFICADO (2)



B). Las dificultades para entender y aceptar a Cristo

en los distintos grupos de Israel.


Trataremos el tema –sucintamente- estudiándolo en los 3 grupos más significativos para esta cuestión, en la época de Jesús: el pueblo llano; los Escribas y fariseos; los Saduceos y herodianos.


1. La dificultades en el “pueblo llano”.


“Simplificando” un poco el tema, que es en realidad complejo, se puede decir que la idea que tenía el Pueblo sobre el Mesías estaba adulterada en la época en que acontece su venida. Se le concebía, sí, como un Profeta especialmente cercano a Dios, más grande que Moisés, que llevaría al Pueblo a la fidelidad a Dios, a la Alianza; que como consecuencia sería luz para los gentiles, etc. etc. Pero a causa de la vicisitudes históricas de Israel en los últimos tres siglos, esta noción se había deformado, como digo.


Desde la época Seléucida (del dominio de los sucesores de Alejandro el Magno), siglo IV antes de Cristo, los sucesivos dominadores de Israel habían perseguido la religión y la Alianza. La causa era que éstas impedían o dificultaban el que Israel pudiese incorporarse al Imperio dominante como un país más. El ejemplo más claro es la persecución de Antíoco, que produjo tantos mártires y provocó el levantamiento y la liberación de los Macabeos.


Esto condujo a la convicción de que la primera tarea del Mesías sería liberar a Israel del dominio extranjero, como condición previa para la fidelidad a la Alianza y para realizar su misión mesiánica. De ahí que prevaleciera  un enfoque político-liberador respecto al Mesías.


Esto había calado profundamente en el pueblo. Cuando San Juan nos cuenta la reacción de los 5.000 hombres que siguen a Cristo al “desierto” (la parte oriental del Lago), dice: “Aquellos hombres viendo el milagro que Jesús había hecho, decían: éste es verdaderamente el Profeta que había de venir al mundo. Jesús, conociendo que iban a venir para hacerlo rey, se retiró de nuevo al monte él sólo” (Jn 6, 14-15).


El desenfoque de que venimos hablando conducía a que los títulos mesiánicos que el pueblo prefería usar fuesen “Rey de Israel” e “Hijo de David”. En cambio, Jesús no los usa nunca y sólo los acepta en la entrada en Jerusalén, cuando el pueblo tiene ya claro lo que el Mesías es.


Él se designa siempre como “el Hijo del Hombre”, el título de la visión de Daniel 7, 13-14, que era la descripción del Mesías que de modo más claro insinuaba su condición divina.


Jesús necesitará tiempo y paciencia para corregir este errado enfoque de pueblo. Y el modo de corregirlo fue revelar que Él es el Hijo del Padre; que ha sido enviado al mundo para que éste se salve; que el Reino de Dios es ajeno al poder político dominante; etc. etc.


Al final de los 3 años de ministerio público, lo ha logrado. En la entrada triunfante en Jerusalén, el pueblo proclama este otro enfoque y lo hace utilizando para ello los títulos de Rey y de Hijo de David.



2.- La dificultades con los Escribas y fariseos.


Este grupo -el más influyente en la vida religiosa de Israel-, al error del Pueblo añadía otro teológicamente más grave. Lo hemos explicado ya en el Post dedicado a San Pablo.


Los Escribas eran los teólogos; los maestros de la Ley y de la salvación. Para hacernos cargo de la dificultad que tenían para entender a Jesús, haré un breve resumen de la teología de la salvación elaborada por ellos.


Cuando los israelitas vuelven de Babilonia, tienen arraigadas estas dos ideas: 1ª)  la destrucción de Israel ha ocurrido por no haber sido fieles a la Alianza; 2ª)  nunca más seremos  infieles a la Alianza: cumpliremos la Ley con toda fidelidad.


Así se inician las Sinagogas, al servicio de la enseñanza de la Ley y de activar su cumplimiento. Y se promueve la existencia de “maestros” que estudien la Ley, la expliquen, y enseñen al pueblo a guardarla.  Al llegar la época macabea, esta decisión se agudiza. Va naciendo así como un “cuerpo” de Escribas, que realizan este cometido. La intención es lograr el perfecto conocimiento y cumplimiento de la Ley, y así enseñar la fidelidad a la Alianza.


Ese enfoque de “fiel cumplimiento de la Ley”, conduce a desarrollar los mandatos de la Ley hacia una casuística cada vez más concreta; y a buscar aplicarla a las situaciones nuevas que iban surgiendo. Por ejemplo había 39 tipos de trabajos que no era lícito hacer en sábado. Se llega así a aquellos casi 600 preceptos con los que los Escribas desarrollan y concretan la Ley.  La vida farisea consistirá  precisamente en vivir este programa con toda fidelidad.


Es frecuente analizar esto bajo el aspecto de “la letra que mata el espíritu”; “la letra que esclaviza”; “la vida farisea era un modo de vivir la Alianza del todo imposible para el ciudadano normal”; etc.  etc.  Todo eso es cierto, pero no constituía la consecuencia peor.


Lo más grave fue producir la deformación (típica de un fariseo) de que “me salvo porque cumplo esos preceptos; Dios me premia el haber cumplido la Ley; me salvo por mi esfuerzo y fidelidad”. Además de ser esto un grave error, con esta mentalidad no se podía entender la salvación en Cristo: el que de su muerte procede el perdón del pecado; y de suResurrección provienen todos los demás bienes de la salvación. No del cumplimiento de la Ley.  Desde ese enfoque se hacía del todo imposible captar la importancia decisiva del Misterio Pascual y entender lo que era la Salvación y lo que era lavida cristiana.


Este es el fondo del choque de Jesús con los Escribas; un choque teológico. Jesús rechaza abiertamente aquel  enfoque por ser falso, y  porque incapacitaba para insertarse en el verdadero Reino de Dios. Y éste es el sentido profundo que tiene la parábola del fariseo y el publicano (Lc 18, 7-14). En ella, Jesús contrapone  “la santidad oficial de Israel” (la vida farisea, en aquél caso  concreto sin fallo alguno, además); y la vida de un publicano (tenida por lo peor y más alejado en la fidelidad a la Ley). Para asombro y escándalo de los escribas aquel fariseo “no volvió a casa justificado”.

Escribas

Los fariseos añadían además otras deformaciones. Por ejemplo, si algo no estaba contemplado en los preceptos que ampliaban la Ley, aquello carecía de significación salvadora; por tanto podía no cumplirse. Lo cual sucedía a veces con temas de moral natural, y de sentido común. Jesús les llamará “hipócritas”, por eso: “cuelan un mosquito y se tragan un camello”.  Aquella hipocresía no procedía de ser falsos e inmorales, sino de ese error; seguido a ciegas por motivos teológicos (“no forma parte de la Ley”);  o aceptado con gusto porque además  ”me resulta favorable”.



Pero la teología de la Salvación de los Escribas, era la oficial y más perfecta en Israel. Era impensable que el Mesías no fuese fariseo, y no impusiese el fariseismo a todos los israelitas;  y aún a todos los gentiles. Por eso, cuando Jesús la rechaza de manera radical, la conclusión de ellos es: “este hombre es un hereje“.


Cuando Jesús comienza a hacer afirmaciones cada vez más rotundas de su divinidad, el juicio es: “este hombre es un blasfemo”. Todo el capítulo 8 de S. Juan lo muestra  de modo muy explícito.


Jesús con los Escribas


Ante los milagros patentes, los escribas y fariseos necesitan postular aquella explicación brutal: “hace los milagros por la intervención de Satanás”, “está endemoniado”. Así,  Mc 3, 22  dice “Los escribas que habían bajado de Jerusalén decían: Tiene a Beelzebul,  y expulsa los demonios por la fuerza del príncipe de los demonios.  Y Él les decía: … si Satanás se levanta contra sí mismo, … no puede subsistir, ha llegado su fin”.  Y añadía: “el que blasfeme contra el Espíritu Santo (es decir, la impugnación consciente de la verdad en su interior), no puede tener perdón. Porque ellos decían: tiene un espíritu impuro”.

Cuanto mayores son los milagros (ciego de nacimiento, la resurrección de Lázaro, etc.), la conclusión es más radical: hay que matarlo aprisa.


Sabemos, sin embargo, que hubo escribas importantes  (por  ejemplo Nicodemo) que en vida del Señor fueron capaces de convertirse en discípulos; lo cuál constituía el cambio más difícil y meritorio que cabe imaginar.  Sabemos también que después de la Resurrección hubo muchos más escribas que se hicieron cristianos (el paradigma es San Pablo). Pero a la vez no cabe duda que el choque teológico y la oposición frontal contra Jesús la protagonizaron sobre todo los escribas y fariseos.

Resurrección de Lázaro

1 comentario »

  1. Hermoso, me gusta, me sirve, me ilustra, complementa mis investigaciones. Muchas gracias, mi corazón se los agradece.

    Comentario por Susi — febrero 12, 2012 @ 8:00 pm | Responder


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