Conocer bien a Jesucristo

Diciembre 7, 2008

LA SECULARIDAD DE JESUCRISTO

Archivado en: Cristología — conocerbienajesucristo @ 10:40 am

 

 

Jesús admirando el trabajo de José

Jesús admirando el trabajo de José

 

LA  SECULARIDAD  DE  JESUCRISTO (1)

 

 

Me parece que se puede afirmar que este tema se ha empezado a subrayar en los  últimos decenios.

 

 

No se inició en la Cristología, sino en el campo de la Teología Espiritual. con la aparición del Carisma del Opus Dei, y sobre todo de su aprobación por la Santa Sede en 1950. Con el Concilio Vaticano II, sobre todo en la Lumen Gentium, el tema entra en el campo de la Eclesiología, y con ello en la Cristología.

 

 

Los últimos 20 años han aportado muchos datos acerca de la secularidad de la vida de Cristo. Sobre todo por la vía del estudio extra bíblico de la vida de Jesús, y en especial de la vida social de Galilea. En 1994 se publican las obras de J. F. Strange; R. A. Horsley; J. L. Reed; D. E. Oakman; y S. Freyne.  Y en 2001 el estupendo “Jesús en Galilea” de Joaquín González Echegaray  (Verbo Divino, Colección Ágora)  que os recomiendo vivamente,  y de cual soy muy deudor.

 

 

Se comprende que los 4 Evangelios, que tienen como destino fundamental  anunciar el Reino de Dios (y por tanto la Encarnación y el Misterio Pascual) se limiten a  narrar aspectos sucintos en cuanto a la vida oculta. Y que en cambio dediquen la atención, casi en su totalidad, a lo que llamamos “el misterio de la vida pública”. 

 

Pero es en aquella vida oculta en donde Jesucristo protagonizará de manera más profunda, la condición secular de sus iguales, la de los hombres que viven en medio del mundo, que lo construyen y lo convierten en vida propia. Y esto es de una importancia decisiva, porque connota en Cristo la esencia misma de la condición secular.

 

 

 

Por primera vez, en el Vaticano II el Magisterio Solemne de la Iglesia ha proclamado en un Concilio Ecuménico:  “El carácter secular es lo propio y peculiar de los laicos”.  “Los laicos tienen como vocación propia buscar el Reino de Dios ocupándose de las realidades temporales y ordenándolas según Dios. Viven en el mundo, en todas y cada una de las profesiones y actividades del  mundo, y en las condiciones ordinarias de la vida familiar y social, que forman como el tejido de su existencia. Es ahí (no sólo como “lugar” sino como “cometido”) donde Dios los llama a realizar su función propia” (Constitución Lumen Gentium, 31).

 

 

No me quiero aquí extender más en esto, ya sabido y trabajado por la Teología posterior al Concilio Vaticano II.

Como decía al inicio de este Post, desde 1928 quiso recordar esto el Espíritu Santo a la Iglesia, a la Humanidad, con extraordinaria viveza y hondura mediante la vida y la predicación de San Josemaría Escrivá de Balaguer. Aquel anuncio no fue solamente Teología Espiritual. Fue a la vez Antropología Cristiana y Eclesiología de la condición cristina secular. Así lo afirma la Iglesia por ejemplo en el Decreto de Virtudes heroicas,  y en los Beatificación y Canonización de San Josemaría. El mensaje de éste  suponía una captación profunda del Misterio de la Encarnación, y de cómo el mundo forma parte del Plan Salvífico de Dios.

 

 

 

Es esto lo que hace particularmente interesante, trascendental sin duda, la secularidad que Jesús quiso vivir:  el mundo y la acción del hombre sobre él, forman parte del proyecto de Dios para que el hombre fuese hijo en el Hijo. 

 

 

 

A la luz de ello, se percibe la trascendencia, por ejemplo, de aquellas palabras de San Josemaría (“Amigos de Dios”, 56): “ Toda la vida del Señor me enamora. Pero tengo una debilidad particular por sus años de existencia oculta en Nazaret. Ese tiempo, largo, del que apenas se habla en el Evangelio, parece desprovisto de significado propio. Sin embargo encierra lecciones de maravilla para los cristianos. Fueron años intensos de trabajo y de oración, en los que Jesucristo llevó una vida corriente -como la nuestra, si queremos- divina y humana a la vez”.

 

 

O aquellas otras en “Es Cristo que pasa”, 47: “Al haber sido asumido por Cristo, el trabajo (el mundo) se nos presenta como realidad redimida y redentora: no sólo es el ámbito en el que el hombre vive, sino medio y camino de santidad, realidad santificable y santificadora. Reconocemos a Dios no sólo en el espectáculo de la naturaleza, sino en la experiencia de nuestro propio trabajo!”

 

 

Es evidente que la tarea de descubrir cómo era la secularidad de Jesucristo resulta apasionante. 

 

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