NESTORIO
Nestorio, buen teólogo, formado en la Escuela de Antioquía, fue elevado a Obispo de Constantinopla en el 428 y depuesto en el 433.
Ya antes, en su lucha contra los arrianos y los apolinaristas, había puesto un gran énfasis en que se mantuviese perfecta la naturaleza humana, nunca absorbida ni modificada por la divina. En esta lucha, llega a utilizar ya un lenguaje en que parece afirmar que en Cristo hay dos sujetos: el humano y el divino. Siendo ya Obispo continuó combatiendo duramente a los herejes arrianos y apolinaristas, esforzándose en que no se confundiesen en Cristo naturaleza humana y naturaleza divina.
Pero pronto expresó sus reticencias a la “comunicación de idiomas”, es decir a que se prediquen del Verbo los aspectos propios de la condición humana: el nacimiento, la muerte, las cualidades humanas, etc. Deja entender que concibe en Cristo dos sujetos: el humano y el Verbo. Así llega a afirmar de modo solemne en 428 que a la Virgen se le debe llamar Christotókos (Madre de Cristo) y no Theotókos (Madre de Dios). Ese mismo año, en su polémica con Proclo (que sería su sucesor como Obispo de Constantinopla) llegó a decir “Yo no puedo adorar a un Dios que haya nacido, haya muerto y haya sido sepultado”. Es decir, lo que no podía aceptar era que Dios fuese sujeto de los acontecimientos humanos de la vida de Cristo. Al mismo tiempo, Nestorio trata de mantener la unidad de persona en Cristo “no es uno el Dios Verbo y otro en quien el Verbo ha nacido”, decía.
Para salvar esto, Nestorio pensaba que es necesario afirmar que la Naturaleza humana de Cristo es también persona humana. La manera de poder afirmar de modo absoluto la perfección y la integridad humana de Cristo era postular que esa naturaleza es persona. En consecuencia, en Cristo hay Verbo divino y hay persona humana.
¿Cómo salvar que haya un solo sujeto? Nestorio afirma que las dos personas están unidas y compenetradas. El “Verbo habita en el centro de la persona humana como en su templo”. De donde surge tal unión y concordancia entre ellas que las dos personas constituyen como una cierta persona de unión. En Cristo hay dos Personas pero un solo sujeto que actúa. Por eso se puede decir que el Verbo nos redime, porque la persona humana está íntimamente unida a la divina.
Esta fórmula aparenta garantizar la perfección humana de Cristo, del yo humano, de su psicología, de su igualdad con todo hombre. Pero pronto veremos que no es así, además de estar en total desacuerdo con la fe de la Iglesia.
Como hemos dicho, el rechazo del pensamiento de Nestorio se produjo de inmediato ya en la misma Constantinopla. Pero la oposición más viva y teológicamente más profunda fue la de Cirilo, Patriarca de Alejandría., que cruzó 3 importantes cartas teológicas con Nestorio, además de comunicar la cuestión al Papa. Particular importancia tiene la carta segunda, del año 430. En ella Cirilo va directamente al centro de la cuestión.
A ella pertenecen estas palabras: “El grande y santo Concilio de Nicea dijo que el Hijo Unigénito… verdadero Dios de verdadero Dios… descendió, se hizo hombre, padeció, resucitó al tercer día… Lo que quiere decir: el Verbo se encarnó y se hizo hombre… Confesamos un solo Cristo, un solo Señor, no adorando a un hombre junto con el Verbo. Adoramos a uno sólo y mismo;… no son dos hijos, sino uno sólo. Si rechazamos como indecorosa la unión según la hipóstasis, estamos abocados a hablar de dos Hijos… La escritura no dice que el Verbo se ha unido a la persona de un hombre, sino que Él se ha encarnado … De esta manera los Santos Padres no vacilaron en llamar theotókos (Madre de Dios) a la Santa Virgen; no porque la Naturaleza divina haya tomado de la Virgen el principio de su existencia, sino porque al haber nacido de ella el santo cuerpo animado de alma racional a la que el Verbo se unió según la hipóstasis, se dice que el Verbo ha sido engendrado según la carne”.

San Cirilo de Alejandría