JESÚS, EL HIJO de DIOS (2)
A continuación iré haciendo desfilar algunas de las formas (bien conocidas por todos) con las que Jesús alude a su divinidad.
Una, un tanto divertida, la encontramos en Mt 17, 24-26 (léase). El “tributo” del que aquí se habla, un didracma (dos denarios), lo pagaban anualmente todos los israelitas para el Templo. Es decir, a YAHWEH. Jesús, sin previa información de Pedro, le pregunta: “¿De quién cobran los reyes de la tierra (tributos), de sus hijos o de los extraños?” — De los extraños. — “Luego los hijos están exentos. Pero para no escandalizarles, vete al mar, echa el anzuelo, y al primer pez que pique, ábrele la boca, encontrarás un estarter (dos didracmas); lo das por Mí y por tí”. Es emocionante y divertido ver cómo Jesús “juega” -digamos- aquí con Pedro apoyándose en la afirmación implícita (para Pedro certeza ya) de su condición de Hijo del Padre. Tan Hijo como lo es el hijo del rey respecto a éste.
Otras afirmaciones más solemnes.
1ª. En el Sermón del Monte, Jesús se sitúa como inicio del Reino, de manera semejante a como YAHWEH se dirige al Pueblo en el Sinaí. Me remito a la magnífica y autorizada exposición de Benedicto XVI en su libro “Jesús de Nazaret”, páginas 129-141, glosando al Rabino Neusner:
* Jesús es el centro del Sermón del Monte, como YAHWEH lo fue en la Alianza del Sinaí.
* Jesús es la Nueva Torá, la palabra de YAHWEH, en persona
* Jesús es Señor del Sábado, como lo era YAHWEH
Es evidente que Jesús no se coloca sustituyendo a YAHWEH; sino que se sitúa junto a YAHWEH. Él es el enviado del Padre, Uno con el Padre.
2ª. Se atribuye de modo absoluto poder para perdonar los pecados (Mc 2, 3-12). Es cierta la objeción de aquellos Escribas: “Blasfema. ¿Quien puede perdonar los pecados sino sólo Dios?” Y Jesús reitera su afirmación realizando en apoyo un gran milagro.
3ª. Se atribuye el juicio y la retribución final como algo que le pertenece a Él, siendo algo que sólo a Dios corresponde: Mt 16, 27; y Mt 25, 31.
4ª. Afirmando de sí mismo atributos propios sólo de Dios, hace alusiones reiteradas de su igualdad con el Padre: ser “la Luz del mundo”; ser “la Resurrección y la Vida”; identificarse con el “Esposo”; designarse como “El Buen Pastor”; como el “Agua Viva”; ser el “Camino, la Verad, y la Vida”; y afirmar que “quien da la vida por Él se salvará”, “quien no crea en Él se condenará”; “Yo soy el Pan de vida que ha bajado del Cielo. Si alguno come de este Pan vivirá eternamente”. Etc. Etc. Etc.
5ª. Se afirma en igualdad con Dios, en ser, conocer y obrar. Cito sólo dos textos:
Mt 11, 27 (ya comentado). Aquí Jesús manifiesta del modo más hondo su conciencia de Hijo del Padre y de su relación con el Padre: su propio ser es tan rico, tan infinito, que nadie puede abarcarlo sino el Padre; y el conocimiento que tiene Jesús se equipara al conocimiento divino del Padre. Estas afirmaciones presuponen afirmar consustancialidad con el Padre.
Jn 10, 30 : “Yo y el Padre somos Uno” Se trata de otra afimación de enorme fuerza y claridad, máxime dado su contexto.
6ª. En Mc 14, 62, en presencia de todo el Sanedrín dice de modo categórico al Sumo Sacerdote que le acaba de hacer la pregunta “¿Eres tú el Hijo del Bendito?” (de YAWEH): “Yo soy, y veréis al hijo del Hombre (a mí) sentado a la diestra del Poder (de YAHWEH) y venir sobre las nubes del Cielo“. “Sentado a la diestra del Poder” significaba equiparación de Potestad con Dios; “venir sobre las nubes del Cielo” era afirmar su origen celestial. Con razón la conclusión del Sumo Sacerdote es: “Acabáis de oir la blasfemia”.
7ª La afirmación extrema es designarse como “YO SOY” . Me remito al libro de Benedicto XVI, páginas 399-409. Subrayo como conclusión mía a esas páginas, que Jesús al usar esa asombrosa expresión, inconcebible en Israel, está afirmando no que Él sea YAHWEH, sino que Él está en el ámbito de “YO SOY”, es decir de YAHWEH.
En resumen, todas las páginas del Evangelio están rezumando permanentemente la afirmación de Jesús acerca de su identidad: Él es el Hijo de Dios en la Trinidad, que ha venido al mundo enviado por el Padre.
