La “Tercera búsqueda”
La que he llamado más arriba “aduana de los criterios de historicidad”, se puede decir que ha sido definitivamente marginada al aparecer hacia 1990 (y de modo más intenso desde 1996), la nueva corriente de autores que se ha venido a llamar la “Tercera búsqueda” (búsqueda del “Jesús histórico” a partir de los Evangelios). (El nombre de “tercera búsqueda” se lo dio Wright en 1998. La “Primera Búsqueda” sería la del siglo XIX; seguida de la “No búsqueda” propugnada por Bultmann; y de una “Segunda búsqueda” iniciada por Käsemann con sus “criterios de historicidad”).
Inician esta nueva corriente, una serie de autores ingleses y americanos, aunque enseguida se extiende a autores de otros países. Tienen en común -podríamos decir- el “sacudirse el yugo” de que “el Jesús histórico es distinto del Cristo de la fe”; así como el “yugo” de todos los esquemas de la crítica protestante liberal, que hemos descrito. No les importa nada que ésta parezca tener mucha erudición y apariencia científica.
Parten de la confianza en los relatos de los Evangelios, y buscan datos en otras fuentes complementarias: la arqueología; las fuentes históricas de la época; el conocimiento del ambiente social de Jesús; del mundo económico; etc. etc. Se puede decir que estudian el tema “sin ataduras” desde una actitud de confianza en los Evangelios, y con toda clase de fuentes válidas de fuera de la Escritura. Cada autor se expresa con total libertad, sin sentirse -como digo- bajo el yugo de la crítica protestante anterior.
No todo lo que se escribe en esta nueva etapa es válido. Incluso hay autores que hacen afirmaciones claramente contrarias a la fe de la Iglesia (alguno, auténticos disparates). Pero su aparición ha generado un clima de libertad y de sensatez frente a aquella asfixiante crítica anterior. Puede seros útil leer las páginas 8-16 del pequeño libro “Rabí, Jesús de Nazareth” de F. Varo, BAC (2004).
Con J. Chapa se puede decir “que en la última década ha habido un cambio de actitud, que ha llevado consigo un talante más abierto en relación a la historicidad de los relatos evangélicos y, con ellos, de la figura de Jesús”.
DOS CONCLUSIONES (Muy importantes)
1ª EL COMETIDO DE LA “CRÍTICA HISTÓRICA”
Dije más atrás, que es difícil conocer en toda su profundidad cómo fue el proceso de transmisión y redacción de aquello que llegó a ser el Evangelio (los tres Evangelios Sinópticos). Los trabajos de la “Crítica histórica” han dado muchos frutos y los seguirán dando, aunque se sabe que su alcance es limitado.
Pero ¿cuál es el papel de la “crítica histórica”?
La “crítica histórica” investiga las fuentes que estén en el origen y en la formación de los relatos actuales; las sucesivas etapas de la catequesis, las redacciones parciales, la redacción del conjunto después, etc. Trata así de alcanzar la primera fuente.
Todo eso es útil e importante: permite conocer a veces por qué se eligieron al narrar estos aspectos y no otros, quiénes eran los destinatarios de la catequesis, etc.
Pero la crítica histórica de ningún modo es la que garantiza la historicidad de lo narrado; no es el fundamento de nuestra fe; no es la que delimita lo que es histórico con total seguridad y lo que no tiene esa seguridad.
La Iglesia apostólica sabía muy bien y con toda firmeza, que lo que creían y enseñaban los Apóstoles tenía absoluta veracidad y garantía. Y que los Evangelios que se escribieron y fueron admitidos como fieles a la verdad, narraban con fidelidad lo sucedido y lo afirmado por Jesús.
Esa es también desde entonces y ahora el fundamento y garantía de la certeza de la Iglesia. Ésta no ha tenido nunca ninguna desconfianza acerca de que los Evangelios narran hechos y palabras fielmente transmitidas desde los Apóstoles; y de que éstos entendieron bien al Señor.
La “crítica histórica” no nos defiende contra nada. Sirve sólo para lo que sirve, que por cierto tampoco es algo decisivo ni para la fe ni para la Teología. Logrará descubrir más o menos aspectos sobre cómo ha sido el proceso de transmisión. Pero ahí se debe parar. No le corresponde ni poner en duda, ni asegurar, la verdad de la fe y de la catequesis de la Iglesia apostólica.
Cuando la Iglesia de Pentecostés habla de Jesús, cuando habla del Señor, cuando habla de Jesucristo, sabe que está hablando del Jesús histórico y del Kyrios. Sabe, en resumen, que Jesucristo es el Jesús histórico.
La actitud que inicia Reimarus y que mantiene y desarrolla toda la Crítica Histórica Liberal a lo largo de los siglos XIX y XX, es sencillamente un enfoque erróneo desde la raíz. Este camino sería totalmente extraño y disparatado para la Iglesia apostólica. Ésta aprobó la catequesis y los escritos que iban surgiendo para esa catequesis; y aprobó los Evangelios al final, como relatos fieles de los hechos. Y por eso los ha usado siempre con esta seguridad.
2ª LA VERDADERA HISTORIA DE JESÚS, ES EL EVANGELIO.
El Evangelio que anuncia y enseña Jesús a los discípulos, sólo lo pudieron entender en toda su profundidad y contenido los Apóstoles después de la Resurrección. Recalco el “en toda su profundidad y contenido”. Fue decisiva para ello la “relectura” (digamos), la comprensión profunda, que Jesús les da durante los 40 días que permanece con ellos después de la Resurrección (Hechos 1, 3).
A la luz del Misterio Pascual pudieron entender el Evangelio de Jesús con otra hondura, con otra claridad. ¡Qué bien se nota esto en el encuentro de Jesús con los de Emaús (Lc. 25, 28) y en la primera aparición a los Apóstoles en el Cenáculo (Lc 24, 44-45)!
Lo que Jesucristo nos ha dicho, no está -digamos- en lo que ellos entendieron al verle y escucharle antes del Misterio Pascual. Sinó en lo que ellos comprendieron ya a fondo en la catequesis post pascual con el Resucitado, sobre aquellos sucesos y palabras. Y también en la plena comprensión posterior bajo el Espíritu Santo.
Los sucesos y palabras que narran en los Evangelios, son sin duda históricos y verdaderos. Pero están entendidos con esa comprensión más profunda que adquirieron a la luz del Misterio Pascual. Quedarse en lo escuetamente captado por ellos al acontecer los hechos o las palabras, sería empobrecedor e inútil.
Permitidme una broma: resultaría ridículo que los apóstoles dijesen: “Sucedió…En aquel momento Jesús… etc.; … nosotros lo entendimos a este nivel…, no lo entendimos a fondo; después de la Resurrección, nos dimos cuenta …” …
Por eso, con los puros datos de la “crítica histórica” no se alcanza el Jesús histórico; no se llega al Jesucristo real. No es un método apropiado para darnos a conocer a Jesús. De ahí que las “Vidas de Jesús” escritas desde esta base, incluso las mejores y las más recientes, por ejemplo, de Schnackemburg (o en España la de A. Puig i Tarrech), dejan siempre una sensación de pobreza, de parcialidad, y de mutilación.
(Y no digamos si acudimos a otros autores que parecen tener perplejidades o reservas respecto a Jesús: si escriben de Él sólo desde la “critica histórica” -la que a ellos les parece, además,- lo que nos dicen es sencillamente inaceptable, no es la verdad acerca de Jesús. En España tenemos un ejemplo bien reciente y conocido).
Acerca de Jesús de Nazaret, de Jesucristo, la Iglesia sabe mucho más; lo ha sabido siempre desde los Apóstoles. Lo que sabía es lo que aparece en el Nuevo Testamento, y en la comprensión y glosa de éste que se refleja en los Padres de los siglos I, II, III etc.; y en la Catequesis de la Iglesia desde los Apóstoles. Ese es el verdadero Jesús histórico.
Pienso que ahora te será más fácil entender el maravilloso Prólogo de Benedicto XVI en su libro “Jesús de Nazaret”.

APÉNDICE. He hecho una alusión -de pasada y sin citarlo- al reciente libro publicado en España “Jesús. Aproximación histórica” de J.A. Pagola (PPC, Madrid, 2007). No he querido citarlo ni ocuparme mucho de él porque no me parecía que mereciese la pena hacerlo. Pero dada la “exitosa propaganda que hace de él la Editorial PPC” (como muy bien dice el Prof. Rico Pavés) me ha parecido oportuno incluíros aquí la crítica y descalificación que le hace el “Director del Secretariado de la Comisión Episcopal de la Fe” de la Conferenencia Episcopal Española. Se trata no sólo de una buena crítica, sino de una crítica autorizada por la cercanía y aval de la CEE. Si abrís esto en Google, la tendreis.
Me han interesado mucho las dos CONCLUSIONES; me gustaría que las desarrollaras más aún, si es posible (porque no ignoro que estamos en un Blog). Jurgen Stein
Comentario por conocerbienajesucristo — Enero 27, 2008 @ 10:14 pm |