III. Continúa (Ataque a los fundamentos históricos)
C.) R. Bultmann (+1976)
Discipulo y colaborador de Dibellius, más radical que éste, publicó ya en 1922 su “Historia de la tradición sinóptica”, que propugna un distanciamiento aún mayor entre el Jesús histórico y las narraciones evangélicas. Sostiene Bultmann, que la fe apostólica aparece en el momento en que existe un kerigma, es decir una fórmula de fe con la que la primera comunidad cristiana anuncia a Jesucristo como salvador. De antes de esto, no sabemos nada seguro. Por tanto, no es posible conocer con certeza el origen de ese kerigma. Lo único que el kerigma fundamenta es la existencia de Jesús. Pero no podemos saber nada seguro sobre el Jesús histórico; lo que hizo o dijo, nos resulta inaccesible. Es inútil tratar de saberlo.
Por otra parte, añade, carece de importancia alcanzarlo o no; lo que resulta relevante es lo que dice el kerigma primitivo para mí.
En 1948, con una famosa conferencia titulada ”Kerygma y mito” inició un nuevo ataque al contenido e interpretación del mensaje de Jesús. Según Bultmann, para entender el kerigma (que no olvidemos sólo expresa la fe apostólica, no sabemos si tiene su origen en Jesús) es necesario tener en cuenta el “lenguaje” religioso en que ese kerigma está expresado. En el Evangelio, ese lenguaje religioso, dice, es “lenguaje mítico”, con las ideas e imágenes religiosas propios del hombre de aquella época. Así pues, para entender el Evangelio hay que someterlo a un proceso de “desmitificación”, de cambio de lenguaje. Y por tanto de cambio de contenidos. Expresarlo en la cultura del hombre moderno.
Esta postura equivalía practicamente a negar la posibilidad de conocer nada que fuese significativo sobre Jesucristo. No es de extrañar, por tanto, que sus propios discípulos se quedaran desolados.
Uno de ellos, Käsemann, no aceptó esta destrucción; que fuese imposible conocer nada de Jesús con certeza. Opina que en el Evangelio, en la tradición apostólica, hay hechos y palabras que son con certeza de Jesús. Y propone establecer unos ”criterios de historicidad” que, al aplicados a los textos, nos puedan certificar en su caso si aquello se puede afimar o no como verdaderamente histórico. Al menos por este camino “nos salvaremos” de la destrucción causada por Bultmann, su maestro.
Durante la decada de los 70, se generalizó el uso de tales “criterios de historicidad” y por tanto de “seguridad histórica”. Incluso en el campo de la teología católica. Se convirtieron en una a modo de “aduana” por la que había que pasar para poder dar por cierto un contenido del Evangelio. Ridículo.
La posición de Bultmann fue paulatinamente rechazada por los teólogos más importantes en esta materia. No sólo católicos. El protestante J. Jeremías, eminente especialista en esto, se pasó varios años en Palestina estudiando a fondo el tema, y fruto de ello es su obra “El Jesús histórico”, en la que con gran autoridad científica rechaza radicalmente las tesis de Bultmann. Y entre los especialistas católicos más recientes, se pueden destacar: Schnakenburg; Schürmann; Grelot; Gnilka. Y tantos más.

