Conocer bien a Jesucristo

enero 1, 2012

Los números de 2011

Archivado en: Cristología — conocerbienajesucristo @ 11:18 am

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un reporte para el año 2011 de este blog.

Aqui es un extracto

La sala de conciertos de la Ópera de Sydney contiene 2.700 personas. Este blog fue visto cerca de 13.000 veces en 2011. Si fuese un concierto en la Ópera, se necesitarían alrededor de 5 actuaciones agotadas para que toda esa gente lo viera.

Haz click para ver el reporte completo.

enero 2, 2011

Los números de 2010

Archivado en: Cristología — conocerbienajesucristo @ 12:46 pm

Los duendes de estadísticas de WordPress.com han analizado el desempeño de este blog en 2010 y te presentan un resumen de alto nivel de la salud de tu blog:

Healthy blog!

El Blog-Health-o-Meter™ indica: ¡Este blog lo está haciendo genial!.

Números crujientes

Imagen destacada

Un Boeing 747-400 transporta hasta 416 pasajeros. Este blog fue visto cerca de 13,000 veces en 2010. Eso son alrededor de 31 Boeings 747-400.

 

En 2010, publicaste 4 entradas nueva, haciendo crecer el arquivo para 34 entradas. Subiste 13 imágenes, ocupando un total de 3mb. Eso es alrededor de una imagen por mes.

Tu día más ocupado del año fue el 8 de septiembre con 83 visitas. La entrada más popular de ese día fue (2)LA FE SOBRE JESUCRISTO EN LA IGLESIA APOSTÓLICA .

¿De dónde vienen?

Los sitios de referencia más populares en 2010 fueran search.conduit.com, sacerdotesyseminaristas.org, rsanzcarrera.wordpress.com, google.com.pe y search.babylon.com.

Algunos visitantes buscan tu blog, sobre todo por concilio de calcedonia, juan pablo ii, concilio de efeso, saduceos y cristologia fundamental.

Lugares de interés en 2010

Estas son las entradas y páginas con más visitas en 2010.

1

(2)LA FE SOBRE JESUCRISTO EN LA IGLESIA APOSTÓLICA febrero, 2008

2

EL CONCILIO DE CALCEDONIA junio, 2008
5 comentários

3

LA PASIÓN DE JESUCRISTO abril, 2009
1 comentario

4

EL CONCILIO DE ÉFESO junio, 2008

5

INTRODUCCIÓN (3) enero, 2008

noviembre 4, 2010

EN CANÁ y JUNTO A LA CRUZ

Archivado en: Cristología — conocerbienajesucristo @ 4:07 pm

EN  CANÁ  y  JUNTO a la CRUZ


Elijo esas dos escenas del Evangelio, en las que es figura

central la Virgen María, porque reflejan bien los dos

“encargos” que la Trinidad Beatísima confió a la Virgen

nuestra Madre.


En Caná (Jn 2, 1- 4) tenemos a María como discípula consumada y ejemplar de Jesús. Identificada con la venida del Verbo; con el Plan Salvífico de Dios; con la Obra Salvadora de Cristo. Ha vivido además durante muchos años al lado de Jesús, oyendo sus confidencias, aprendiendo de Él, haciéndole preguntas sin cesar con grandísimo interés. Como consecuencia, mira como madre cariñosa a aquellos discípulos primeros que ya acompañan a Jesús y que serán el inicio de sus instrumentos cara al futuro.

En la escena de Caná -como nos enseña desde hace siglos la buena exégesis- la mirada y la petición de María no se queda en la necesidad -apuro en que se encuentran los novios: “no tienen vino”.


“El vino mesiánico” había sido imagen de la salvación en la revelación a Israel. Y María,

con aquel ruego, pone delante de su Hijo, la ESPERA ANSIOSA DE LA  HUMANIDAD EN

RELACIÓN CON ESA SALVACIÓN.


Esto lo captaba solamente María, a causa de su gran madurez en ser discípula de Cristo, como consecuencia de su entregamiento y de su identificación con Él a lo largo de años.


“No tienen vino” es un juego de palabras con las que María señala más allá de la

situación de los novios. Le suplica a Jesús en nombre de la Sinagoga, en nombre de la

Iglesia, en nombre de la Humanidad toda, que derrame ya la Salvación que es esperada

ansiosamente.


De ahí que san Juan haya dado a  la narración de Caná la forma que le dio: los novios (a pesar de tratarse de una boda a la que es invitado Jesús) no aparecen prácticamente en el relato (sólo hay una referencia hecha por el maestre sala).


Los verdaderos protagonistas son Jesús y María. Y el argumento, es la súplica de ésta;

súplica que tiene el sentido de: “hay absoluta necesidad de tu Salvación”, “no tienen vino,

no tienen nada”.

De ahí que Jesús le conteste: “Mujer, qué me propones; aún no ha llegado mi hora”.

(Os aconsejo leer en “María en el Misterio de la Alianza”, de Ignacio de la Potterie, BAC, el Capítulo V)


En Caná, pues, vemos a la Virgen María como la discípula plenamente identificada con Jesús; discípula a la que le arde el corazón porque Cristo otorgue la Salvación a la Humanidad.

Cumple la misión que se le confió en la Anunciación: ser la Madre del Hijo del Altísimo; del enviado como Salvador.

Y acompañarle identificándose con su misión. Por eso, Ella  alienta y suplica a su Hijo, intercediendo  por la Humanidad.


Su cometido, su postura, es la de una madre de la tierra que pide a Dios para los

hombres.

 



Pero junto a la Cruz, María recibe una nueva vocación, un nuevo

encargo de Cristo, que constituye el último acto mesiánico de éste.


San Juan, que nos lo transmite como testigo,  lo narra con gran claridad (Jn 19, 26-27):

“Jesús, viendo a su Madre y al discípulo a quien amaba, que estaba allí, le dijo a su madre: –Mujer, he ahí a tu hijo.

Después le dice al discípulo: — he ahí a tu madre”.


La Iglesia Apostólica vio ya que aquí Jesús establecía una nueva dimensión en la

maternidad de María: ella será desde ahora “Madre de los redimidos”; pero del

mismo modo que es madre de Jesús: ”he ahí a tu Hijo”. Y como apostilla Orígenes,

María solo tiene un Hijo, que es Jesús.


Añade el Evangelio que “desde aquel momento el discípulo la acogió así”; la acogió para siempre como la acababa de instituir Jesús. Ya Orígenes, en su conocida exégesis, muestra cómo la literalidad del texto expresa esta interpretación de manera inequívoca.

La lectura de que Jesús confió su Madre a Juan, tan frecuente, carece totalmente de fundamente, como vemos. Jesús no confía su Madre a Juan: es justo lo contrario. (Si así fuese, hubiese sido más adecuado confiarla a aquellas mujeres, con las que María se siente arropada, que son fidelísimas no sólo al Señor, sino también a María).


En Juan, por ser Apóstol, quedaba resumida y personificada la totalidad de la Humanidad

redimida. Y así, queda establecidapor Cristo, del modo más solemne y en el momento más

significativo, la Maternidad espiritual de María sobre todos los redimidos.


Esta nueva vocación y cometido de María, implicaba para Ella, en su interior, una radical

transformación.


Sin dejar de ser la discípula ejemplar de Jesús, al establecerla de este modo  Madre  de los

Redimidos la insertaba en el orden del Buen Pastor;  la convertía en instrumento del Buen

Pastor; por tanto, le encargaba que nos diese lo que nos da el Buen Pastor.


La maternidad espiritual de María sobre los redimidos, no está en el orden de la

maternidad humana. Jesucristo en aquel momento, transformó totalmente su relación con

María, y el cometido de Ella en relación con nosotros. Una nueva vocación, una nueva

misión, que exigía en consecuencia una transformación interior de su fe, de su amor, de su

responsabilidad ante Dios, de su corazón ante nosotros.


Después de su Asunción a los Cielos, en la vida gloriosa de la Trinidad, esa transformación

le viene dada, digamos, por la plena posesión de la Vida Trinitaria.


Pero mientras duró su vida sobre la tierra (quizá unos 10 años), en medio de la Iglesia

naciente y cara a cumplir elmandato universal de llevar el Evangelio a toda criatura,

hubo de desplegar Ella una grandísima correspondencia a la acción de Dios; y con una

grandísima generosidad.


Es difícil para nosotros imaginar la transformación que hubo de hacer de sí misma Nuestra

Madre.  Se la puede comparar, sin duda, a la que realizó -bajo la acción del Espíritu Santo-

a partir del momento de la Anunciación.


Copio de la “Lumen gentium”, n.62:

“Esta maternidad de María perdura sin cesar en la economía de la gracia… hasta la realización plena y definitiva de todos los escogidos. En efecto, con su Asunción a los cielos, no abandonó su misión salvadora… Con su amor de Madre cuida a los hermanos de su Hijo que todavía peregrinan y viven entre las angustias  peligros hasta que lleguen a la Patria feliz. Por eso la Santísima Virgen es invocada en la Iglesia con los títulos de Abogada,  Auxiliadora, Socorro, Mediadora. Lo cual, sin embargo, se entiende de tal manera que no quite ni añada nada a la dignidad y eficacia de Cristo, único Mediador.

En efecto, ninguna criatura puede se puesta nunca en el mismo orden con el Verbo Encarnado y Redentor. Pero, así como en el Sacerdocio de Cristo participan de diversa manera tanto los ministros como el pueblo creyente,…así también la única Mediación del Redentor no excluye, sino que suscita en las criaturas una colaboración diversa que participa de la única fuente.

La Iglesia no duda en atribuir  a María esta misión subordinada, la experimenta sin cesar y la recomienda al corazón de sus fieles para que, apoyados en su protección maternal, se unan más íntimamente al Mediador y Salvador”.


En resumen.

Cuando el pueblo cristiano, de una manera tan tenaz y tan universal,  ha acudido a María

como Madre  a lo largo de los siglos, lo que ha hecho es cumplir lo establecido por Cristo en

la Cruz. Por eso esta actitud es tan grata a Nuestro Señor y tan alentada por la Iglesia.



marzo 12, 2010

JESUCRISTO, RECHAZADO Y CRUCIFICADO (1)

Archivado en: Cristología — conocerbienajesucristo @ 7:46 pm

JESUCRISTO, RECHAZADO  Y CRUCIFICADO (1)




1º.-  A quién nos referimos cuando, en este contexto,

decimoslos judíos”.


 

Cuando en este contexto decimos “los judíos rechazaron y crucificaron a Jesucristo”, estamos utilizando el lenguage del Evangelio de San Juan.

Y San Juan, designa con este término “los judíos” solamente a los israelitas que condenaron a Cristo. No a todo el pueblo de Israel de entonces, del cual formaba parte el mismo Juan, al igual que casi todos los primeros cristianos, es decir, muchos miles de hombres y de mujeres cristianos ya cuando él escribía su evangelio.


 

Los cristianos de hoy y de siempre, todos, sabemos muy bien esto que a continuación expongo:


a) que la mayoría de los israelitas de entonces, no sólo no condenaron a Jesús; sino que sabían que era un hombre enviado por YAHWEH, de extraordinaria santidad y de doctrina admirable. Y sentían por Él un gran entusiasmo, como lo muestra la entrada triunfal en Jerusalén en la Última Pascua.


b) que los que por rechazar a Jesús, conspiraron buscando su condena;  y los que chantajearon a Poncio Pilato que quería soltarlo, pertenecían casi todos a los escribas y fariseos, a los saduceos, y a los herodianos.


c) pero que aún dentro de cada uno de estos grupos, como es bien sabido, había personas   –con frecuencia muy cualificadas- que eran “discípulos” de Jesucristo, y que lucharon  denodadamente por Él dentro de su grupo.


d) que los judíos posteriores hasta nuestros días, son totalmente ajenos a la condena de Cristo. Y que por tanto, de ninguna manera, ni la Iglesia oficialmente ni tampoco los cristianos,  los consideramos para nada culpables o reprochables. Repito, esta ha sido siempre la verdad bien sabida, y tenida en cuenta por todos.


e) que por tanto, cuando la predicación cristiana (en todas sus formas) ha usado el término “los judíos” para designar a los que rechazaron e hicieron matar a Jesucristo, se ha referido siempre a lo que acabo de explicar.


Hemos usado, y seguiremos usando siempre, esta terminología del Apóstol San Juan sin perder de vista cuál es su enfoque, lo que este Apóstol quiere decir. A la vez,  como quienes no sean cristianos, al escucharnos o leernos pueden caer en esa confusión, la verdad, la justicia, y la prudencia aconsejan estar atentos y no permitir ese posible mal entendido.

 

Letare Jerusalem !




2º.- La muerte Redentora de Jesucristo, es un designio o disposición eterna de Dios.


Copio del Catecismo de la Iglesia Católica, 599:

“La muerte violenta de Jesús no fue fruto del azar en una desgraciada constelación de circunstancias. Pertenece al misterio (el Plan Salvador de Dios para la Humanidad, dispuesto por Dios antes de la Creación del Mundo) … como lo explica san Pedro a los judíos de Jerusalén ya en su primer discurso de Pentecostés:“Fue entregado según el determinado designio y previo conocimiento de Dios” (Hech 2, 23). Este lenguaje bíblico no significa que los que han “entregado a Jesús” (Hech 3, 13) fuesen solamente ejecutores pasivos de un drama escrito de antemano por Dios”.


 

Es decir, como hemos tratado ya en el Post de la Introducción a este Blog, la Pasión de Cristo está prevista en el Designio Salvador del Padre desde la Eternidad. Designio que es la causa, y finalidad tanto de la Creación del hombre, como de la Encarnación del Hijo.



Tenemos, pues, que contemplar siempre el designio salvífico de Dios  como trasfondo de la entrega y muerte de Jesucristo. Ya dijimos en el Post de la Pasión de Jesucristo, que ésta:


* muestra vivamente el amor salvador de la Trinidad hacia los hombres todos;

* constituye el constante deseo de Cristo a lo largo de su vida;

* plasma el momento de amor más perfecto del Hijo al Padre y del Padre al Hijo;

* y es la causa del perdón de Dios a todos los pecados y las depravaciones de la humanidad.


 

La Pasión es nuestra riqueza; nuestro tesoro.


 

Os aconsejo leer de nuevo los números de Catecismo 600 a 618.


Plan Salvífico de la Trinidad



 

 

EL  RECHAZO  HISTÓRICO  Y  LA  MUERTE  DE  JESUCRISTO


 

 

Los padecimientos redentores de Cristo han tomado, a la vez, una forma histórica concreta. Es pues conveniente, escrutar las causas y circunstancias de ella, tal como nos las han transmitido fielmente los Evangelios, que son a la vez  iluminados desde otras fuentes históricas.



a) Cómo entender la tragedia que supone el rechazo de Israel a Jesucristo.

 

 

 


 

Porque se trata de un hecho que resulta desconcertante a primera vista.

El Viejo Testamento es todo preparación para la Alianza Nueva y Eterna en Jesucristo.

La misma existencia de la Antigua Alianza y del Pueblo Elegido; toda la intervención de Dios en la Historia de Israel; todos los anuncios de Dios a través de los Profetas; la presencia del Altísimo en el Tabernáculo y luego en el Templo; todo, todo, se dio en función de la venida de Jesucristo como salvación de la humanidad (de “las gentes”, dirá el Profeta Isaías).


 

Y sin embargo, aquél Pueblo Elegido y constantemente cuidado durante siglos para esto; aquél pueblo que luchó y sufrió tanto para ser fiel al plan que Dios quería realizar mediante la Alianza; ese pueblo, cuando llega el Hijo de Dios como Mesías, vive el contrasentido y la tragedia de que el Sanedrín no lo acepte como enviado de Dios, no lo reconozca como el Mesías esperado y aún menos como el Hijo de Dios Encarnado. Y que, por el contrario, lo rechace y exija a Pilatos que lo crucifique, empleando para ello un durísimo chantaje.


 

Parece un contrasentido; un absurdo. Para el Pueblo del Viejo

Testamento se trata de unaverdadera tragedia.



En efecto, no deja de ser un misterio si lo miramos con ojos humanos. Pero sin embargo, se hace luminoso si se mira desde Dios. Este aparente contrasentido y tragedia, pone de manifiesto de manera paradigmática la gratuidad de la Salvación que Dios había diseñado para toda la Humanidad. Esa Salvación no es obra del hombre; no es consecuencia de la fidelidad del Pueblo Elegido; no guarda relación con los méritos o la fidelidad de cada persona. Es Don de Dios. Don totalmente gratuito de la Trinidad, aunque requiera el sí del hombre para ser recibido. Aquella tragedia supone, por tanto, una gran luz para nuestra comprensión y nuestra fe.




 

 

 

 


 

 

La Trinidad  de Beccafumi



JESUCRISTO, RECHAZADO Y CRUCIFICADO (2)

Archivado en: Cristología — conocerbienajesucristo @ 7:34 pm

JESUCRISTO,  RECHAZADO  Y CRUCIFICADO (2)



B). Las dificultades para entender y aceptar a Cristo

en los distintos grupos de Israel.


Trataremos el tema –sucintamente- estudiándolo en los 3 grupos más significativos para esta cuestión, en la época de Jesús: el pueblo llano; los Escribas y fariseos; los Saduceos y herodianos.


1. La dificultades en el “pueblo llano”.


“Simplificando” un poco el tema, que es en realidad complejo, se puede decir que la idea que tenía el Pueblo sobre el Mesías estaba adulterada en la época en que acontece su venida. Se le concebía, sí, como un Profeta especialmente cercano a Dios, más grande que Moisés, que llevaría al Pueblo a la fidelidad a Dios, a la Alianza; que como consecuencia sería luz para los gentiles, etc. etc. Pero a causa de la vicisitudes históricas de Israel en los últimos tres siglos, esta noción se había deformado, como digo.


Desde la época Seléucida (del dominio de los sucesores de Alejandro el Magno), siglo IV antes de Cristo, los sucesivos dominadores de Israel habían perseguido la religión y la Alianza. La causa era que éstas impedían o dificultaban el que Israel pudiese incorporarse al Imperio dominante como un país más. El ejemplo más claro es la persecución de Antíoco, que produjo tantos mártires y provocó el levantamiento y la liberación de los Macabeos.


Esto condujo a la convicción de que la primera tarea del Mesías sería liberar a Israel del dominio extranjero, como condición previa para la fidelidad a la Alianza y para realizar su misión mesiánica. De ahí que prevaleciera  un enfoque político-liberador respecto al Mesías.


Esto había calado profundamente en el pueblo. Cuando San Juan nos cuenta la reacción de los 5.000 hombres que siguen a Cristo al “desierto” (la parte oriental del Lago), dice: “Aquellos hombres viendo el milagro que Jesús había hecho, decían: éste es verdaderamente el Profeta que había de venir al mundo. Jesús, conociendo que iban a venir para hacerlo rey, se retiró de nuevo al monte él sólo” (Jn 6, 14-15).


El desenfoque de que venimos hablando conducía a que los títulos mesiánicos que el pueblo prefería usar fuesen “Rey de Israel” e “Hijo de David”. En cambio, Jesús no los usa nunca y sólo los acepta en la entrada en Jerusalén, cuando el pueblo tiene ya claro lo que el Mesías es.


Él se designa siempre como “el Hijo del Hombre”, el título de la visión de Daniel 7, 13-14, que era la descripción del Mesías que de modo más claro insinuaba su condición divina.


Jesús necesitará tiempo y paciencia para corregir este errado enfoque de pueblo. Y el modo de corregirlo fue revelar que Él es el Hijo del Padre; que ha sido enviado al mundo para que éste se salve; que el Reino de Dios es ajeno al poder político dominante; etc. etc.


Al final de los 3 años de ministerio público, lo ha logrado. En la entrada triunfante en Jerusalén, el pueblo proclama este otro enfoque y lo hace utilizando para ello los títulos de Rey y de Hijo de David.



2.- La dificultades con los Escribas y fariseos.


Este grupo -el más influyente en la vida religiosa de Israel-, al error del Pueblo añadía otro teológicamente más grave. Lo hemos explicado ya en el Post dedicado a San Pablo.


Los Escribas eran los teólogos; los maestros de la Ley y de la salvación. Para hacernos cargo de la dificultad que tenían para entender a Jesús, haré un breve resumen de la teología de la salvación elaborada por ellos.


Cuando los israelitas vuelven de Babilonia, tienen arraigadas estas dos ideas: 1ª)  la destrucción de Israel ha ocurrido por no haber sido fieles a la Alianza; 2ª)  nunca más seremos  infieles a la Alianza: cumpliremos la Ley con toda fidelidad.


Así se inician las Sinagogas, al servicio de la enseñanza de la Ley y de activar su cumplimiento. Y se promueve la existencia de “maestros” que estudien la Ley, la expliquen, y enseñen al pueblo a guardarla.  Al llegar la época macabea, esta decisión se agudiza. Va naciendo así como un “cuerpo” de Escribas, que realizan este cometido. La intención es lograr el perfecto conocimiento y cumplimiento de la Ley, y así enseñar la fidelidad a la Alianza.


Ese enfoque de “fiel cumplimiento de la Ley”, conduce a desarrollar los mandatos de la Ley hacia una casuística cada vez más concreta; y a buscar aplicarla a las situaciones nuevas que iban surgiendo. Por ejemplo había 39 tipos de trabajos que no era lícito hacer en sábado. Se llega así a aquellos casi 600 preceptos con los que los Escribas desarrollan y concretan la Ley.  La vida farisea consistirá  precisamente en vivir este programa con toda fidelidad.


Es frecuente analizar esto bajo el aspecto de “la letra que mata el espíritu”; “la letra que esclaviza”; “la vida farisea era un modo de vivir la Alianza del todo imposible para el ciudadano normal”; etc.  etc.  Todo eso es cierto, pero no constituía la consecuencia peor.


Lo más grave fue producir la deformación (típica de un fariseo) de que “me salvo porque cumplo esos preceptos; Dios me premia el haber cumplido la Ley; me salvo por mi esfuerzo y fidelidad”. Además de ser esto un grave error, con esta mentalidad no se podía entender la salvación en Cristo: el que de su muerte procede el perdón del pecado; y de suResurrección provienen todos los demás bienes de la salvación. No del cumplimiento de la Ley.  Desde ese enfoque se hacía del todo imposible captar la importancia decisiva del Misterio Pascual y entender lo que era la Salvación y lo que era lavida cristiana.


Este es el fondo del choque de Jesús con los Escribas; un choque teológico. Jesús rechaza abiertamente aquel  enfoque por ser falso, y  porque incapacitaba para insertarse en el verdadero Reino de Dios. Y éste es el sentido profundo que tiene la parábola del fariseo y el publicano (Lc 18, 7-14). En ella, Jesús contrapone  “la santidad oficial de Israel” (la vida farisea, en aquél caso  concreto sin fallo alguno, además); y la vida de un publicano (tenida por lo peor y más alejado en la fidelidad a la Ley). Para asombro y escándalo de los escribas aquel fariseo “no volvió a casa justificado”.

Escribas

Los fariseos añadían además otras deformaciones. Por ejemplo, si algo no estaba contemplado en los preceptos que ampliaban la Ley, aquello carecía de significación salvadora; por tanto podía no cumplirse. Lo cual sucedía a veces con temas de moral natural, y de sentido común. Jesús les llamará “hipócritas”, por eso: “cuelan un mosquito y se tragan un camello”.  Aquella hipocresía no procedía de ser falsos e inmorales, sino de ese error; seguido a ciegas por motivos teológicos (“no forma parte de la Ley”);  o aceptado con gusto porque además  ”me resulta favorable”.



Pero la teología de la Salvación de los Escribas, era la oficial y más perfecta en Israel. Era impensable que el Mesías no fuese fariseo, y no impusiese el fariseismo a todos los israelitas;  y aún a todos los gentiles. Por eso, cuando Jesús la rechaza de manera radical, la conclusión de ellos es: “este hombre es un hereje“.


Cuando Jesús comienza a hacer afirmaciones cada vez más rotundas de su divinidad, el juicio es: “este hombre es un blasfemo”. Todo el capítulo 8 de S. Juan lo muestra  de modo muy explícito.


Jesús con los Escribas


Ante los milagros patentes, los escribas y fariseos necesitan postular aquella explicación brutal: “hace los milagros por la intervención de Satanás”, “está endemoniado”. Así,  Mc 3, 22  dice “Los escribas que habían bajado de Jerusalén decían: Tiene a Beelzebul,  y expulsa los demonios por la fuerza del príncipe de los demonios.  Y Él les decía: … si Satanás se levanta contra sí mismo, … no puede subsistir, ha llegado su fin”.  Y añadía: “el que blasfeme contra el Espíritu Santo (es decir, la impugnación consciente de la verdad en su interior), no puede tener perdón. Porque ellos decían: tiene un espíritu impuro”.

Cuanto mayores son los milagros (ciego de nacimiento, la resurrección de Lázaro, etc.), la conclusión es más radical: hay que matarlo aprisa.


Sabemos, sin embargo, que hubo escribas importantes  (por  ejemplo Nicodemo) que en vida del Señor fueron capaces de convertirse en discípulos; lo cuál constituía el cambio más difícil y meritorio que cabe imaginar.  Sabemos también que después de la Resurrección hubo muchos más escribas que se hicieron cristianos (el paradigma es San Pablo). Pero a la vez no cabe duda que el choque teológico y la oposición frontal contra Jesús la protagonizaron sobre todo los escribas y fariseos.

Resurrección de Lázaro

marzo 10, 2010

JESUCRISTO, RECHAZADO y CRUCIFICADO (3)

Archivado en: Cristología — conocerbienajesucristo @ 7:40 pm

JESUCRISTO,  RECHAZADO  Y  CRUCIFICADO (3)


3.  La dificultades con los saduceos


Como es sabido,  los saduceos formaron un grupo político-religioso  desde el s. II a. c., hasta la destrucción de Jerusalén. Pertenecían sobre todo a las grandes familias sacerdotales y de la aristocracia laica.  Era sin duda el grupo de mayor influencia política y Flavio Josefo los denomina “los ricos”. Constituían una importante fracción en el Sanedrín. En lo religioso aceptaban el Pentateuco sólo, pero no las “tradiciones” o elaboraciones de los Escribas. Despreciaban al grupo fariseo, al que consideraban fanático y ultrareligioso.



Saduceos


Los saduceos inicialmente muestran escaso interés por Jesucristo al que consideran del ámbito de los fariseos, porque habla del Reino de Dios, de entregamiento, etc.

Pero a medida que estallan la popularidad de Jesús y el entusiasmo de las muchedumbres, ven esto con inquietud, porque podía ser considerado por Roma como un peligro de levantamiento político, y provocar una intervención que acabase con el “status quo” político de Israel. Cuando tiene lugar la resurrección de Lázaro, concluyen que el único modo de evitar este peligro es dar muerte a Jesús. Caifás (Sumo Sacerdote y saduceo) sentenciará: “pueden venir los romanos y destruir la Ciudad. Es preferible que muera un hombre sólo, que no que perezca todo el pueblo”.


Por último, los herodianos eran, como su propio nombre indica, los partidarios políticos del reinado de Herodes y de la protección de Roma.  Parece que no eran un grupo muy numeroso, pero sí activo y con influencia política.

No parece que tuviesen una posición religiosa específica, y en lo político eran cercanos a los saduceos. Tanto por motivos políticos como religiosos eran adversarios de los fariseos. De ahí que causase estupor que se aliasen con estos contra Jesús.


4.- Las acusaciones “oficiales” contra Jesús


Me refiero a las empleadas por el Sanedrín para condenar a muerte a Jesucristo; y a las que luego esgrimirán ante Pilatos para que éste confirme esa condena a muerte.

Los motivos de fondo por los que el Sanedrín condena a Jesús previamente, son los que acabamos de exponer.


Había además otros que podríamos considerar menores: la actitud de Jesús ante la Ley de Moisés; y la actitud de Jesús ante el Templo. Son los que el Sanedrín esgrime, como de paso, al inicio de juicio contra Jesús; pero que enseguida se abandonan ante su escasa consistencia para amparar una condena a muerte. Responde con claridad a estos aspectos el Catecismo de la Iglesia en los nº 576 a 586.


El Sanedrín, al ver la ineficacia de estas acusaciones recurren a provocar en Cristo una afirmación clara de su divinidad. Esta es la finalidad de la pregunta de Caifás: “¿eres tú el Hijo del Bendito?”. Ante la respuesta categórica de Jesús, Caifás concluye: “Acabáis de oír la blasfemia ¿qué os parece?”. Y todos sentenciaron: “reo es de muerte”.


Quedaba el arrancar a Pilatos la confirmación de esta sentencia. Lo que le plantean a éste es un delito político castigado por Roma con la crucifixión: sedición contra el César. Pilatos comprueba que esto es falso, y que no hay en Jesús ningún delito castigado por Roma. Y afirma que lo va a soltar.


Ante esto, el Sanedrín cambia la acusación: “según nuestra Ley debe morir porque se iguala a Dios”. Pilatos continúa el interrogatorio y sigue pensando que no existe en Jesús ningún delito de muerte. Y afirma de nuevo que lo va a soltar. A la vista de lo cual, el Sanedrín le hace un chantaje: “si sueltas a este hombre, te acusamos ante el César” y obviamente orquestando una rebelión semejante a la del año 26. Ante esto, Pilatos cede y crucifica a Jesús.

Jesús ante Pilatos


La rebelión del año 26 que tanto pesaba sobre Pilatos fue así.   Los judíos no toleraban que en la Ciudad Santa se expusiesen públicamente insignias con la esfinge del Emperador: lo consideraban incompatible con el carácter sagrado de Jerusalén. Cuando Pilatos haciendo caso omiso hizo colocar en la fachada de su residencia en la ciudad unos escudos con ellas, el Sanedrín amotinó a la ciudad, y llevó  el asunto a Roma. Tiberio ordenó a Pilatos que, aunque tenía razón, las quitase “pro bono pacis” y le amenazó con la destitución si volvía a producirse otro tumulto por causas semejantes. Por eso Pilatos cedió ante el chantaje.


A causa de tener que “tragarse” contra su voluntad la condena a Cristo, Pilato guardó un profundo resentimiento y desprecio hacia el Sanedrín. Parece que, además de tratar de proteger cuanto pudo a Jesús;  de burlarse-vengarse de ellos con el “Título” de la condena (que tanto molestó al Sanedrín); protegió después a la Iglesia en Jerusalén, impidiendo cualquier muerte por el hecho de ser cristiano. Nada más ser relevado Pilato en el año 36, el Sanedrín ya mató a S. Esteban.

Martirio de San Esteban


abril 25, 2009

LA PASIÓN DE JESUCRISTO

Archivado en: Cristología — conocerbienajesucristo @ 12:04 pm

LA  PASIÓN  Y  MUERTE



Llamamos “Misterio Pascual” a la acción salvadora de Cristo en la última Pascua:  la Muerte en la Cruz; la Resurrección; y la Ascensión a los Cielos.


Los tres actos forman una Unidad inseparable. Pero cada uno de ellos connota un aspecto distinto de esa Salvación que el Misterio Pascual nos otorga.


** La Muerte en la Cruz dice relación directa al perdón del pecado, de todo pecado del hombre.


** La Resurrección dice relación a la Nueva Vida: Hijos del Padre, Cuerpo de Cristo, Templos del Espíritu Santo.

La Resurrección es lo básico del Misterio Pascual, la que nos otorga lo nuclear de la salvación. Por eso es la acción salvadora por excelencia: “murió por nuestros pecados, y resucitó para nuestra salvación” nos dirá San Pablo.


** La Ascensión a los Cielos hace referencia a la Vida Eterna, a la que estamos llamados después de la vida en la tierra.


Quizá el acto del Misterio Pascual más conocido y meditado por el pueblo cristiano haya sido siempre la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo.  Por eso deseo ahora referirme a los variados aspectos que connota la Pasión. Conocemos bien los aspectos sufrientes, físicos y morales, pero con frecuencia nos quedamos en eso. De ordinario, la predicación, la riquísima y espléndida imaginería que poseemos, y también la meditación personal, se detienen en los padecimientos del Señor: el dolor hasta la muerte de cruz, y la amargura (el dolor interior o padecimiento moral).


Pero la Pasión de Nuestro Señor es una realidad riquísima en aspectos que de ordinario no consideramos. Con ánimo de ayudar a conocerlos escribo este post.



La Trinidad


1º. Es en primer lugar en donde se plasma el amor salvador de


la Trinidad por el hombre.



Recordad el Designio Salvífico de Dios que desarrollamos en en post “¿Por qué Jesucristo?” en la Introducción a este Blog:

San Anselmo formuló la afirmación de que “dado que la ofensa del hombre a Dios era infinita, al ser infinito el ofendido, era necesaria una reparación infinita”, era necesaria la muerte de Cristo en la Cruz.  Era un error decir “era necesaria”; por eso Santo Tomás de Aquino afinó la afirmación diciendo que “era conveniente”.



Pero la muerte en la Cruz excede infinitamente también lo “conveniente”. Es una decisión eterna de Dios con la que se expresa y se plasma el amor salvador de la Trinidad por el hombre, por el designio del Padre. Entra por los ojos, digamos.



Con la Muerte en la Cruz, la Trinidad se “compromete” con el hombre, con la humanidad, con la historia humana. San Pablo lo decía así: “donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia”, mucho más de lo que era necesario  (cfr. los nº 604-505 del Catecismo de la Iglesia)




2º. La Cruz es donde “se acrisola” el amor de la Humanidad de


Cristo hacia el Padre.



El sufrimiento de la Pasión permite a la Humanidad de Cristo dar lo mejor de sí mismo en el amor a la “voluntad del Padre”.


La humanidad de Cristo maduró en ese amor allí, se acrisoló allí. En la Epístola a los Hebreos se dice que “Cristo aprendió sufriendo lo que cuesta obedecer”. La Pasión tuvo que ser, por ello, una fuente de alegría interior para la Humanidad del Señor mientras sufría en la Cruz.





3º. La Cruz es también el mejor lugar para conocer el corazón


sacerdotal y redentor de Jesucristo por nosotros. Un corazón


de madre hacia sus hijos pequeños.



Esto se refleja muy bien en el “Padre, perdónales que no saben lo que hacen”, o en el diálogo con el buen ladrón.



Jesucristo, como una madre, nos estaba “sacando adelante”.  Nos estaba ganando toda la misericordia y el amor del Padre.


Lo cual debió ser para Él en aquellos momentos, una gran


fuente de alegría interior, inimaginable para los que estaban al


pie de la Cruz y para nosotros.

Copio estas palabras de S. Pedro Crisólogo (sigloIV; Sermón

108): “Mirad y contemplad en mí vuestro mismo cuerpo,

vuestros miembros, vuestras entrañas, vuestra sangre… quizá

sea la inmensidad de mi pasión, cuyos responsables fuisteis

vosotros, lo que os confunde. No temáis. Esta Cruz no es mi

aguijón, sino el aguijón de la muerte. Estos clavos no me

inflingen dolor, lo que hacen es acrecentar en mi el amor por

vosotros. Estas llagas no provocan mis gemidos, lo que hacen

es introduciros más en mis entrñas… Mi sangre no es para mi

una pérdida, sino el pago de vuestro precio.  Venid, pues,

retornad, y comprobaréis que soy un padre, que devuelvo bien

por mal, amor por injurias, inmensa caridad como paga de las

muchas heridas”



Especial  motivo de felicidad debió de ser para  Jesús instituir a la Virgen como Madre de los Redimidos: “Mujer, he ahí a tu Hijo”.  Siguiendo la fe apostólica, ya Orígenes desgrana su conocida exégesis. Dice: se dirige en primer lugar a la Madre, otorgándole un nuevo cometido respecto a su obra salvadora; una nueva vocación de Madre de los redimidos, de los llamados a ser el Cuerpo de Cristo, a ser uno con Cristo. Por eso dice “a tu Hijo” (y el Hijo de María es Jesús).


Lo que hace San Juan “acogiéndola así” es aceptar la institución que Jesús acaba de hacer. No la “acoge en su casa”, como equivocadamente se traduce a veces. No confía su Madre a San Juan. Es al revés: con la referencia a San Juan, confía a su Madre todos los redimidos.


"He ahí a tu Hijo"

"He ahí a tu Hijo"

4º. Pero hay además un aspecto que es desconocido para


nosotros, pero que sabemos que ciertamente existió: el acto


trinitario entre el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo. Debió de ser


particularmente intenso en la Pasión.


No olvidemos que el Verbo participa siempre del Diálogo Trinitario, aunque no siempre lo comunique a su Humanidad. Y a la vez no debemos perder de vista que la Humanidad de Cristo no podía participar en plenitud de esa relación trinitaria, al ser esa Humanidad finita en su entendimiento y en su corazón.


Conocemos momentos en que la Humanidad de Cristo se transfigura   por la acción trinitaria sobre ella (el Tabor, el Bautismo). O bien, sin llegar a esa transfiguración, que la Humanidad se llena de gozo intensísimo porque la Persona le comunica de manera más intensa el diálogo trinitario (por ejemplo Mt 11, 25-27, y otros varios pasajes).


Sabemos que en el episodio del Tabor se produce como una explosión amorosa del Padre y del Espíritu Santo en el momento en que Jesús está hablando con Moisés y Elías del ”tránsito en Jerusalén”, es decir, de la Pasión.


La Pasión, amor aquilatado del Hijo al Padre, fue indudablemente acompañada de un misterioso acto de amor trinitario, que se derrama en la Humanidad del Señor. Y esto nos es desconocido.


El Papa Juan Pablo II se refiere a ello en la carta “A principio del tercer Milenio”, nº 26 con estas palabras:

Juan Pablo II

La tradición teológica se ha preguntado cómo Jesús pudo vivir a la vez una unión profunda con el Padre, fuente naturalmente de alegría y felicidad, y la agonía… La copresencia de estas dos dimensiones aparentemente inconciliables está arraigada realmente en la profundidad insondable de la Unión Hipostática”.


Comenta luego el Papa que ante este misterio para nosotros podemos encontrar una ayuda eficaz en la experiencia de los santos. Y cita por ejemplo lo que Dios le hace entender a Santa Catalina de Siena acerca de cómo en las alma santas puede estar presente la alegría junto con el sufrimiento:


“Y el alma está feliz y doliente: doliente por los pecados del prójimo, feliz por la unión y por el afecto de la caridad que ha recibido en sí misma. Ellos imitan al Cordero Inmaculado, a mi Hijo Unigénito, el cual estando en la Cruz estaba feliz y doliente”.



En resumen, la Pasión, como decía más arriba, contiene


muchos aspectos, no sólo el sufrimiento atroz.  Por eso no

debemos hacer de ella una lugar adusto y triste. Duro sí,

porque es muerte y muerte de cruz. Pero a la vez profundo,

grandioso, divino, inalcanzable. De  ahí que no sea por eso

sólo lugar de contrición, sino también de paz y de filiación.

Y también de esperanza: junto a la Pasión del Señor todas las

depravaciones de la Humanidad no son nada, son una

pequeñez aunque sean estremecedoras.



¡¡Qué grande eres, Señor!!


jesusmisericordia

Estoy un poco sorprendido del interés que ha despertado


este post sobre la Pasión. Agradecería recibir comentarios


sobre él, particularmente críticas. El Bloguer

diciembre 14, 2008

SECULARIDAD DE JESUCRISTO (3)

Archivado en: Cristología — conocerbienajesucristo @ 5:31 pm

arco01SECULARIDAD  DE  JESUCRISTO  (3)

Sepphoris,  la capital de Galilea

Cuando Jesús vivía en Nazaret, a 5 Km. en línea recta, estaba la Ciudad de Sepphoris. En el año 4 a. de Cristo, cuando la Sagrada Familia está refugiada en Egipto, Sepphoris fue arrasada por las tropas romanas de Varo.


Ese mismo año muere Herodes el Grande (el que ordena hacia el 5 ó 6 a. de C. la matanza de niños en Belén). Deja como heredero de Galilea a su hijo Herodes Antipas, el cual en el 3 a. de C. logra ser confirmado por Roma como Virrey.


Una vez logrado esto, lo primero que decide H. Antipas  es construirse una Capital en Galilea, donde nunca la había habido porque Galilea no había sido reino independiente.


Antipas eligió Sepphoris para ello, iniciando acto seguido su reconstrucción de modo acelerado y con todo tipo de medios.


La construcción de la ciudad duró algo más de 20 años. Cuando ya estaba terminada, Herodes Antipas decidió edificar una nueva Capital, Tiberías, al borde del lago, con un clima mejor y un paisaje más bello. Sepphoris siguió siendo una gran ciudad, hasta que un terremoto la destruyó totalmente en el siglo IV y fue abandonada.  Desde hace unos años es objeto de trabajos de excavación arqueológica.


A Nazaret llegó José procedente de Egipto precisamente cuando se inicia esa reconstrucción. Aquello era una fuente de trabajo ideal para un tekton como él: trabajo cualificado y por largo tiempo.


Cuando pienso en Nazaret y Sepphoris, me viene a la mente un recuerdo de mi infancia. De pequeño he podido ver la siguiente escena en los pueblos de mi tierra Asturias: en una economía mixta como eran aquellas aldeas (donde una familia modesta vivía de algo de agricultura-ganadería, y un oficio del cabeza de familia, desempeñado en la Villa cercana) esas dos actividades económicas se aunaban muy bien, y daban solidez económica a esa familia.


De madrugada, el cabeza de familia salía de casa a su trabajo que solía estar a 4 ó 5 Km. A medio día, su mujer acudía con una cesta en la cabeza y la comida para los dos, y regresaba a la casa a continuación. Al atardecer volvía a casa el marido; y si era por ejemplo carpintero o albañil, podía hacer aún en el pueblo algún trabajo remunerado.


En esas circunstancias, una casa en la que entraba cada día un buen jornal, era una casa de economía sólida.

Así me imagino la vida de José y de María. Ésta podía llevar a vender en Sepphoris, de paso, lo que ella producía en Nazaret (verduras, fruta, algún animal pequeño); y realizar las compras que no eran posibles en Nazaret, carente de comercio. En cualquier caso, la economía y la vida de un pequeño pueblo que está a 5 Km. de la gran ciudad, está totalmente implicada en ella, es dependiente de ella.


Jesús, como los niños de Nazaret, acudía a la Escuela de la Sinagoga (el sinagogo solía ser a la vez el maestro en los pueblos pequeños). Allí aprendían poco más que leer y escribir en arameo. Se puede pensar con fundamento que a los 10 años, aquel Niño inteligente y precoz ya no tiene nada que aprender en Nazaret. Y que desde los 10 hasta los 12 años iría de la mano de José a la Sinagoga de Sepphoris, de grado superior, regresando con él al final del día. Allí, todo el día en la Ciudad, Jesús tuvo que familiarizarse ya con el griego que se hablaba en la gran ciudad.


Pero cabe pensar con fundamento, que entre los 12 y los 14 (edad en que comenzaba su aprendizaje del oficio de tekton) pasase a una de la Escuelas griegas de Sepphoris, para estudiar geometría, matemáticas, retórica, etc., es decir lo que estudiaban los griegos; y que era además importante para ser un buen tekton. Si esto sucedió -que es lo probable- la inmersión de Jesús en el griego culto fue completa.


A los 14 años (quizá en el año 8 d. de C) se iniciaría en el oficio de tekton junto a José. Estamos en plena construcción de una ciudad rica y cuidada, de unos 50.000 habitantes y  Capital del Reino: calles porticadas; casas señoriales; teatro griego con capacidad para 4.500 personas y con instalaciones de gran calidad; termas; mosaicos (causa asombro ver el que se suele llamar la Mona Lisa de Sepphoris); etc.


Como tekton permanece allí largos años, hasta quizá el año 22-24, en el que se termina la ciudad, y Herodes Antipas decide iniciar la construcción de una nueva Capital: Tiberias, como dije a orillas del Lago, a nivel 500 metros más bajo, y en la zona rica de Galilea. González Echegaray opina , como hipótesis, que probablemente Jesús (quizá ya muerto José) se pudo trasladar a ese nuevo lugar, a donde se trasladaba su trabajo. Viviría así, durante unos 3 ó 4 años, cerca de Tiberias, seguramente acompañado de la Virgen (el lago estaba a desmano de Nazaret). Imagina ese autor que la residencia probablemente fuese Tariquea (Magdala) situada a unos 4 Km. de Tiberias. Así se inicia el contacto de Jesús con la región del Lago de Tiberíades, que luego escogería como residencia durante la vida pública.


Durante casi la totalidad de su vida, pues, Jesucristo vive sumergido en el oficio y

en la mentalidad propia de los tekton. Haciendo suya la condición secular

humana, formando parte de ella.


Jesús, comprendiendo con profundidad el Viejo Testamento, experimentó en sí

mismo allí la universalidad de su mensaje salvífico; y experimentó que la

secularidad (tantas veces manchada por el pecado) fue hecha sin embargo para la

vida de hijos de Dios. Toda la doctrina que Dios nos que querido recordar a través

de San Josemaría Escrivá (como dije), está allí vivida con hondura por el Hijo de

Dios Encarnado.


1137038-techo-de-madera-iglesia-san-bonaventura-01

Tekton especializado en madera

Sólo añado dos breves consideraciones.


A partir del año 12 (más o menos), en la Casa de Nazaret  entran cada día 2 jornales de tekton. Esto la convierte en una casa “pudiente”. Pobre, según el concepto de la época, porque viven del trabajo. Pero realmente pudiente: allí se ayuda a los parientes más necesitados; y se ahorra.


Cabe pensar que la unión de dos tekton como Jesús y José, pronto los convertiría en la referencia para encargos más difíciles y fuertes; y se puede suponer (yo lo he visto muchas veces) que otros tekton desearían unirse a ellos para así participar de esos trabajos más importantes, a la vez que perfeccionarse en su oficio.

EN RESUMEN:


Jesús se formó y voluntariamente aceptó, la mentalidad  civil y profesional de un

galileo.  Y vivió como galileo y vistió como galileo.


Mi amigo González Echegaray me decía con sorna que a él le hacía reír ver que a Jesús le representaban a veces con una prenda típica que usaban los judíos en Judea (no recuerdo ahora el nombre), porque -decía Joaquín- “es seguro que nunca se vistió así”.

bovalar1

eescalera11

diciembre 12, 2008

LA SECULARIDAD DE JESUCRISTO (2)

Archivado en: Cristología — conocerbienajesucristo @ 7:28 pm

LA SECULARIDAD DE JESUCRISTO     (2)

 

 

¿Qué sabemos y qué consecuencias podemos extraer de la secularidad de Jesucristo?

 

 

En general, se puede adelantar que la secularidad de Jesús es acusada y plena, porque ese era el ambiente ordinario de los israelitas en Galilea. También podemos adelantar, que fue providencial, por ello, la condición galilea de Jesús. En concreto, que el ambiente social de Galilea y el trabajo profesional junto a José, le hayan formado y configurado hasta la llegada de la Vida Pública. Es decir, durante los 34 años -más o menos- que dura   la vida oculta. No voy a detenerme en esto con detalle; lo tenéis magistralmente expuesto en el libro  “Jesús en Galilea” de Joaquín González Echegaray, antes citado.

 

Sólo resumiré algunos aspectos.

 

 

Mentalidad secular. 

 

La mentalidad y ambiente de Galilea era totalmente distinto del de Judea. 

 

 

Judea era más “levítica”, digamos (en el sentido que hoy suele tener  este término). Estaba centrada en el Templo; en la Ciudad de Jerusalén,  considerada Santa a causa del Templo; en la Ley de Moisés vivida de manera estricta; en las Escuelas rabínicas que estaban sobre todo en Jerusalén. La vida farisea y el choque de los Escribas con los saduceos se notaban más en Judea.

 

 

Incluso la vida económica de Judea dependía mucho del Templo y de la Ciudad Santa: todo judío –además de pagar el diezmo al Templo- tenía la obligación de hacer en la Ciudad de Jerusalén  el 10% de sus compras anuales (era una disposición aceptada con gusto, porque era vital para que la Ciudad se sostuviese con prosperidad).

 

 

En cambio, Galilea era más “civil”, más secular, más plural; de mentalidad mucho más abierta en cuanto a la  cultura, y a la vida. Una razón básica era que en sus ciudades vivían gran número de griegos, en bastantes de ellas siendo mayoría de la población; esas gentes, hablaban en griego y no eran de religión judía. En los pueblos y aldeas, en cambio, predominaba el tipo de habitante hebreo.  De ahí, aquel mandato del Señor cuando envía a los 72 discípulos: “No entréis en las ciudades; id a los pueblos y aldeas y anunciadles que ha llegado el Reino de Dios”.

 

 

Por otra parte, las ciudades eran determinantes en la vida económica y en las relaciones comerciales, tanto  dentro de la propia Galilea, como con el exterior. Estas circunstancias traían como consecuencia el que muchos galileos fuesen bilingües (arameo y griego). Sólo en los pequeños pueblos se usaba casi en exclusiva el arameo. Pero aún en ese ambiente de pequeño pueblo, como la vida comercial se hacía en las ciudades, era necesario manejar un minimum de griego.

 

 

 

La economía.

 

 

Palestina era productiva: agricultura (cereales, aceite de oliva, vino); era ganadera; era industriosa (por ejemplo de la pesca, del aceite, etc.)  En general era rica, comercial, exportadora. Mucho más rica que Judea. Allí estaba el trabajo, el comercio, la riqueza. Eso provocaba una frecuente emigración de Judea hacia Galilea, porque allí había trabajo y porvenir. Y esa emigración era bien vista por el judaísmo de Jerusalén (el Sanedrín) porque veían en ella un medio para judaizar Galilea, que consideran muy paganizada. Por eso cuidaban con esmero la atención religiosa de Galilea, y esto explica que un pueblo tan pequeño como Nazaret contase sin embargo con una buena Sinagoga.

 

 

La consecuencia de todo lo dicho era esa condición secular y abierta al mundo griego, propia del judío de Galilea. Incluso vestía más como griego que como judío.

 

 

Todo esto fue el ambiente y la vida que Jesús escogió para hacerse hombre, y para adquirir una fisonomía. No lo modificó ni cuando tuvo uso de razón, ni en su madurez. Por eso, cuando enseña el Evangelio en su ministerio público, usa ejemplos y comparaciones de la vida secular: del trabajo y de los distintos oficios; del comercio; de las preocupaciones de un ama de casa; de la pesca; del pastoreo; de las relaciones comerciales; de la construcción. Nada que ver con los ejemplos y comparaciones de los rabinos de Jerusalén. Jesús habla de la secularidad Y DESDE LA SECULARIDAD.

 

 

SE NOTA QUE  HA REFLEXIONADO SOBRE EL REINO DE DIOS Y SE HA IDENTIFICADO CON ÉL, DESDE LA SECULARIDAD Y MEDIANTE LA SECULARIDAD.    

 

 

 

 

En trabajo de Jesús

 

 

Especial luz añade al estudio de la secularidad de Cristo, considerar el trabajo que realizó durante su vida laboral.

 

 

Jesús no era un campesino. Pero nada tampoco en el Evangelio lleva a fundamentar que estuviese circunscrito con José a un taller de artesano de la madera en Nazaret; un pequeño pueblo en el que, -como ahora se sabe con certeza- apenas podía tener trabajo de este tipo.

 

 

En Evangelio dice, inequívocamente, que Jesús era “tekton”. Lo mismo que José.  Tekton, aunque tiene un sentido algo amplio, significa esencialmente “constructor” (de ahí procede nuestra palabra arquitekton).

 

 

Pero ese constructor (tekton) no es lo equivalente a nuestro “albañil”. Porque hoy en la construcción intervienen diversos oficios, distintos entre sí: encofradores, muros, enlucidos, baldosas, carpintería, etc. etc.  Los tekton de entonces sabían y realizaban todos esos cometidos. Obviamente, sobre todo en obras importantes, se podían especializar, sin dejar por ello de conocer y realizar todo el oficio de tekton.

 

 

Quizá -no lo sabemos-  José y Jesús estaban especializados en la madera: vigas, techos y su armazón, ventanas, escaleras, puertas, pisos. Y por supuesto, cabe que como complemento a su oficio de tekton, pudiesen hacer pequeños trabajos de madera en su hogar de Nazaret; aunque desde luego, esto sería una pequeña parte de su trabajo.

 

 

Se sabe que los tekton eran personal con especial cualificación en su trabajo.  Al modo de nuestros oficiales o maestros de obra hoy. Y su retribución era también un jornal cualificado. A los peones se les designaba con otra palabra (ergates), y su salario era mucho menor, el denario al día, de que habla el Evangelio.

 

 

Tektons y Ergates

Tektons y Ergates

diciembre 7, 2008

LA SECULARIDAD DE JESUCRISTO

Archivado en: Cristología — conocerbienajesucristo @ 10:40 am

Jesús admirando el trabajo de José

Jesús admirando el trabajo de José

LA  SECULARIDAD  DE  JESUCRISTO (1)


Me parece que se puede afirmar que este tema se ha empezado a subrayar en los  últimos decenios.

No se inició en la Cristología, sino en el campo de la Teología Espiritual. con la aparición del Carisma del Opus Dei, y sobre todo de su aprobación por la Santa Sede en 1950. Con el Concilio Vaticano II, sobre todo en la Lumen Gentium, el tema entra en el campo de la Eclesiología, y con ello en la Cristología.


Los últimos 20 años han aportado muchos datos acerca de la secularidad de la vida de Cristo. Sobre todo por la vía del estudio extra bíblico de la vida de Jesús, y en especial de la vida social de Galilea. En 1994 se publican las obras de J. F. Strange; R. A. Horsley; J. L. Reed; D. E. Oakman; y S. Freyne. Y en 2001 el estupendo “Jesús en Galilea” de Joaquín González Echegaray  (Verbo Divino, Colección Ágora)  que os recomiendo vivamente, y de cual soy muy deudor.


Se comprende que los 4 Evangelios, que tienen como destino fundamental  anunciar el Reino de Dios (y por tanto la Encarnación y el Misterio Pascual) se limiten a  narrar aspectos sucintos en cuanto a la vida oculta. Y que en cambio dediquen la atención, casi en su totalidad, a lo que llamamos “el misterio de la vida pública”.


Pero es en aquella vida oculta en donde Jesucristo protagonizará de manera más profunda, la condición secular de sus iguales, la de los hombres que viven en medio del mundo, que lo construyen y lo convierten en vida propia. Y esto es de una importancia decisiva, porque connota en Cristo la esencia misma de la condición secular.


Por primera vez, en el Vaticano II el Magisterio Solemne de la Iglesia ha proclamado en un Concilio Ecuménico:  “El carácter secular es lo propio y peculiar de los laicos”.  “Los laicos tienen como vocación propia buscar el Reino de Dios ocupándose de las realidades temporales y ordenándolas según Dios. Viven en el mundo, en todas y cada una de las profesiones y actividades del  mundo, y en las condiciones ordinarias de la vida familiar y social, que forman como el tejido de su existencia. Es ahí (no sólo como “lugar” sino como “cometido”) donde Dios los llama a realizar su función propia” (Constitución Lumen Gentium, 31).


No me quiero aquí extender más en esto, ya sabido y trabajado por la Teología posterior al Concilio Vaticano II.

Como decía al inicio de este Post, desde 1928 quiso recordar esto el Espíritu Santo a la Iglesia, a la Humanidad, con extraordinaria viveza y hondura mediante la vida y la predicación de San Josemaría Escrivá de Balaguer. Aquel anuncio no fue solamente Teología Espiritual. Fue a la vez Antropología Cristiana y Eclesiología de la condición cristina secular. Así lo afirma la Iglesia por ejemplo en el Decreto de Virtudes heroicas,  y en los Beatificación y Canonización de San Josemaría. El mensaje de éste  suponía una captación profunda del Misterio de la Encarnación, y de cómo el mundo forma parte del Plan Salvífico de Dios.


Lo que hace particularmente interesante, trascendental sin duda, la secularidad que Jesús quiso vivir, es  que el mundo y la acción del hombre sobre él, forman parte del proyecto que Dios quiso desde la Eternidad para que el hombre fuese “hijo en el Hijo”.

La secularidad no está en el mundo mismo. Está en la persona humana. Y está porque Dios hizo al hombre con ella.


La secularidad es,  en resumen, la relación del hombre hacia el mundo, creado por Dios para el hombre;   y el cometido que Dios ha dado al hombre en relacióncon ese mundo.


A la luz de ello, se percibe la trascendencia, por ejemplo, de aquellas palabras de San Josemaría (“Amigos de Dios”, 56): “ Toda la vida del Señor me enamora. Pero tengo una debilidad particular por sus años de existencia oculta en Nazaret. Ese tiempo, largo, del que apenas se habla en el Evangelio, parece desprovisto de significado propio. Sin embargo encierra lecciones de maravilla para los cristianos. Fueron años intensos de trabajo y de oración, en los que Jesucristo llevó una vida corriente -como la nuestra, si queremos- divina y humana a la vez”.


O aquellas otras en “Es Cristo que pasa”, 47: “Al haber sido asumido por Cristo, el trabajo (el mundo) se nos presenta como realidad redimida y redentora: no sólo es el ámbito en el que el hombre vive, sino medio y camino de santidad, realidad santificable y santificadora. Reconocemos a Dios no sólo en el espectáculo de la naturaleza, sino en la experiencia de nuestro propio trabajo!”

Es evidente que la tarea de descubrir cómo era la secularidad de Jesucristo resulta apasionante.

Página siguiente »

Theme: Rubric. Blog de WordPress.com.

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.