SER Y PERSONA EN CRISTO
SER Y PERSONA EN CRISTO (1)
La definición de fe de Calcedonia contiene esto: “Creemos en un solo y mismo Cristo Señor, en dos naturalezas: inconfusas, inmutables, indivisas, inseparables…perfecto en la humanidad, consustancial a nosotros según la humanidad, en todo semejante a nosotros… salvándose la propiedad de ambas naturalezas que concurren en una Persona”
La Persona, por tanto, no puede pertenecer a la Naturaleza, no puede formar parte de ella, o perfeccionarla o acabarla. Y al mismo tiempo, es plenamente Persona de ella.
La pregunta es: ¿qué otorga la Persona a la Humanidad de Cristo? ¿Qué es ser Persona de esa Humanidad? ¿Qué unión hay entre el Verbo y la Humanidad de Cristo?
No puede tratarse de una unión sustancial, aquella que constituye a una naturaleza (por ejemplo, la del alma y el cuerpo). La naturaleza de Cristo es perfecta en cuanto tal, no la modifica el hecho de la Encarnación.
No puede tratarse de una unión accidental; es decir, que la Persona fuese un accidente de la Naturaleza, al modo como la Gracia inhiere en el alma. En María, aunque posea la plenitud de la Gracia, ésta inhiere también como accidente en el alma. Por eso, cuando algunos definen a Cristo con expresiones como “el hombre en el que Dios está de modo más pleno” o expresiones semejantes, sencillamente se está hablando en el nivel en la unión accidental de la Gracia; no en el nivel de la Unión Hipostática.
La perspectiva que permite un análisis más profundo y que arroja mayor claridad teológica es la de la composición metafísica del ser: la composición de esencia y acto de ser.
Tiene además la ventaja añadida de que esos términos están en continuidad con las nociones comunes de “persona” y “naturaleza” utilizadas por la Revelación y los Concilios.
(2)
Repaso de la composición metafísica de los entes
Los principios metafísicos en los seres o entes son dos:
“Esencia” metafísica: aquello que las cosas son
“Acto de ser” (esse): lo que hace que las cosas sean verdaderamente
El “esse” es “principio de perfección” ilimitado;
La “esencia” limita y circunscribe ese acto de ser.
El “esse” no “configura” la esencia. El “esse” es el acto que hace que cualquier cosa exista. Por eso tampoco debe se confundido con la “existencia”; esta es el hecho de ser o existir; el resultado de tener el “acto de ser”.
El “acto de ser” (“esse) no se da en la realidad si no es “actuando” a una esencia. La “esencia” tampoco es antes de recibir el acto de ser. Ambos cooprincipios metafísicos se dan simultáneamente, aunque se distinguen realmente.
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En el hombre, la naturaleza humana junto con sus accidentes (color de la piel, estatura, etc.), es persona (es hombre) cuando tiene el acto de ser, y por ello existe realmente. Esto es lo más radical y profundo que cabe decir de la persona humana: que tiene razón de esse para el hombre singular.
En Cristo sabemos por la Revelación:
1º) que la naturaleza humana es perfecta y no ha perdido ni adquirido por la Encarnación ninguna de las propiedades que le corresponden.
2º) que la única Persona es el Verbo; es decir, que Cristo no “es” en virtud de un esse humano, sino del esse de Verbo.
Esto excluye absolutamente, como dijimos, una unión sustancial (como el alma y el cuerpo). También excluye absolutamente que se trate de una unión accidental (como la Gracia en el alma).
Sólo puede ser una unión de cooprincipios metafísicos: esencia y esse.
(3)
El Verbo es en Cristo el acto de ser de la Humanidad, de su ser Hombre. El Verbo “actúa” (da el acto) a la naturaleza humana; no la informa (no entra en composición con la naturaleza, ni es forma de ella).
Es el acto de ser, el esse, por el que esa naturaleza existe como el Hombre Jesús. El Verbo es la Persona que tiene como suya la naturaleza humana. Lo mismo que el YO de cualquiera de nosotros. Se trata de un misterio inabarcable por nuestra mente, pero que en base a las nociones metafísicas, se hace inteligible.
La Naturaleza humana de Cristo no posee un esse humano (una persona humana) porque su esse, que lo hace persona, lo otorga el Verbo. No hay dos personas en Cristo, sino una sólo que es el Verbo.
La naturaleza humana es perfecta y completa en cuanto tal, y el Verbo no la cambia o modifica (“sin cambio, sin confusión”, dice Calcedonia). El Verbo la hace ser hombre. Y el Verbo, al ser la Persona, lo es todo para ese Hombre ya que le otorga todo el acto de ser y es permanentemente todo su acto de ser. Distinto de la naturaleza humana y a la vez siéndolo “todo” para la naturaleza humana. Decimos por eso con toda propiedad: “el Verbo se hizo hombre”.
Sólo la razón de “acto de ser” puede explicar la Unión Hipostática.
Por otra parte, el que sea el Verbo quien otorga el acto a la naturaleza humana, hace que Jesús, también en cuanto hombre, sea Hijo del Padre verdaderamente; que no lo sea sólo el Verbo en la Trinidad.
Si se capta con profundidad y nitidez lo que es el esse, no se plantea ningún tipo de causalidad formal: composición con la naturaleza; mezcla de lo divino y de lo humano; etc.) Son dificultades que a veces se oyen.
A esto llamamos la Unión Hipostática.
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(4)
Añadido.
Cuando Boecio (siglo VI) definió la persona como “sustancia individual de naturaleza racional”, en el fondo la definió a partir de la naturaleza.
Cuando la Teología tomó esta perspectiva para estudiar la Persona en Cristo, insensiblemente se cayó en la confusión de ver la Persona como una perfección o acabamiento de la naturaleza, en orden a existir de facto.
Cuando Santo Tomás trató el tema, como él era tan respetuoso con la Teología anterior, trató de reconducir el tema definiendo la persona como “subsistencia”, pero en el sentido de “acto de ser”.
Pero los que le siguieron después (Cayetano, etc.) (a excepción de Capreolo) interpretaron esa subsistencia como un “modo sustancial” o una perfección de la esencia cara a existir.
Más tarde, en la Modernidad se identificó persona con “autoconciencia” “incomunicabilidad” “suididad”, etc. En definitiva, con propiedades de la naturaleza humana que existe. Son, es cierto, propiedades que posee en último término la Persona, pero que no expresan lo que es radicalmente y en verdad la Persona.
SábanaSanta
Santo Sudario







